Estamos ante unas nuevas elecciones y las carencias del injusto sistema electoral español, ponen de relieve  la baja calidad democrática que aqueja a las instituciones de nuestro País.

Las restricciones impuestas, para la presentación de candidaturas, a las organizaciones políticas no parlamentarias, a las que se les exigen requisitos que no se piden a las otras, en una clara quiebra del principio de igualdad, y los privilegios concedidos a los grandes partidos, y a otros no tan grandes pero igualmente aferrados al poder, no tienen un pase en una democracia avanzada del siglo XXI.

Ejemplo del injusto sistema electoral español

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Trabajemos todos los días por una patria mejor, más libre, justa y solidariaEs 12 de Octubre, Día Nacional de España. Aunque considero que hay que trabajar por una Patria mejor, más libre y justa, todos los días, es bueno tener una jornada dedicada a celebrar lo que somos, hemos sido y queremos ser. Y honrar a quienes se sacrificaron por nuestra Nación, es decir por todos nosotros.

Los colores de nuestra Bandera me muestran quien soy, de donde vengo y pertenezco. Garantizan mis derechos y libertades, y suponen la exigencia del esfuerzo que he de hacer por el compromiso que voluntariamente renuevo con los que se fueron, los que están y los que vendrán.

Es 12 de Octubre.
VIVA ESPAÑA

Antonio Pérez Bencomo

La insensibilidad social que José Antonio veía y criticaba en las derechas, como un virus mutante, afecta también en estos tiempos a la izquierda. Esa izquierda que ha cambiado su convicción, y sensibilidad social por un sueldo en los Ayuntamientos y Autonomías, aunque su remuneración suponga la precariedad de los más humildes y la disolución del sentimiento y conocimiento del pasado común.

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El problema griego no fue generado por el actual Gobierno de ese país, sino que hay que atribuirlo a los anteriores, conservadores de ND y socialdemócratas del PASOK, que con la complicidad de los organismos supervisores de la UE, falsearon datos y cifras para entrar en el €, endeudándose hasta las trancas en el marco de un estado corrupto, ineficiente y dilapidador.

Creo que habría que redimensionar a todos los países de la eurozona para que cada uno ocupe su lugar y me gustaría apreciar que por ahí pueden ir los tiros de las posturas defendidas por SYRIZA y sus socios nacionalistas helenos. A lo mejor, Grecia ha de renegociar su deuda pero ya fuera del € y no pedir a las instituciones de la UE más dinero, sino cargar con lo que le toca: ser un país pobre que ha de vivir conforme a ello, moralizar la vida pública y que su gobierno inicie una cruzada contra la corrupción y la ineficiencia que permita al Estado trabajar para que sus ciudadanos puedan vivir dignamente, desarrollando sus sectores económicos potencialmente productivos.

PD. Donde dije Grecia, también, aunque con matices, se podría decir España…

POTASIO

 

Decálogo de los grandes partidos

  1. Todo ciudadano que aspire a representar a sus convecinos en un consistorio local debe procurarse su inclusión en las listas de un partido político.

  2. Nadie podrá concurrir a las elecciones municipales, ni a ninguna otra, si no forma parte de uno de estos listados. Puede, no obstante, rodearse de un grupo de amigos, inventarse unas siglas locales, hacer promesas poselectorales para conseguir una mínima financiación y soñar con convertirse en el elemento necesario para articular una mayoría de gobierno, a cambio de pactar algunos puestos “de confianza” en la administración.
     
  3. Los partidos políticos deciden, en consecuencia, qué ciudadanos son aptos para ejercer la función de alcalde o de concejal. Y podrán servirse para ello de criterios muy diferentes a los de la capacidad, vocación u honestidad de los candidatos. La lealtad a las siglas, así como la plasticidad para aceptar la disciplina de voto, supondrán el principal activo político del nominado.

  4. Los partidos políticos, al alcanzar una cuota de poder, funcionan con mentalidad mercantil, no con vocación de servicio público. Pronto se transforman en unas pequeñas oligarquías locales cuya finalidad última no es la representación de los ciudadanos, sino el servicio a los intereses de los partidos a quienes deben sus actas que, a su vez, están al dictado de intereses más velados e, indefectiblemente, de naturaleza económica o financiera.

  5. Los partidos no son democráticos, pero deben aparentarlo. Las decisiones últimas siempre pertenecen a la estructura de poder interno. Las primarias y las asambleas de afiliados son meras pantomimas para ocultar el carácter tiránico de sus procedimientos.

  6. Cuando un concejal –o diputado- exprese ideas propias, afirme mínimamente su independencia y se sienta animado a abandonar las siglas que lo promovieron hasta la casa consistorial, podrán desatarse contra él todas las iras del infierno “democrático” y signarlo con el apelativo infamante de “tránsfuga”.  El escarnio público debe dejar establecido, sin género de dudas, que la política no es labor adecuada para gentes con criterio e iniciativa propios.

  7. Los partidos políticos podrán rellenar sus listas cómo mejor consideren a sus intereses de grupo. No hay necesidad de que los candidatos tengan un conocimiento directo de la problemática de su municipio, ni cualificación mínima para cumplir con sus atribuciones. Los ayuntamientos constituyen, a lo sumo, la solución de capilaridad idónea para ramificar hasta el infinito las redes clientelares de los partidos.

  8. Después de cuarenta años de pantomima democrática, los partidos ya cuentan con un ejército de profesionales de la política, sin otra experiencia ni currículum que las sórdidas cuchilladas repartidas en los pasillos y antesalas del poder. Amamantados a los pechos del partido, su horizonte vital no trasciende las miserias del partido y tal es el modelo que inoculan, después, al conjunto de la administración.
      
  9. La agrupación local de un partido nunca podrá oponerse a los intereses que éste detenta en un nivel superior de poder, representación o toma de decisión. La iniciativa local debe quedar perfectamente subordinada a las directrices emanadas de las instancias superiores aun cuando su puesta en práctica conlleve un perjuicio directo a los ciudadanos.  

  10. Cualquier crítica dirigida a los partidos políticos, su historia y sus dirigentes debe ser inmediatamente cercenada con acusaciones de antidemocracia, franquismo, golpismo o chavismo, según la ideología atribuida -con razón o sin ella- a los portavoces de la crítica.