Hay una mentira que se repite tanto que casi parece verdad: que en España el trabajador está protegido. Que hay derechos, convenios, inspecciones, sindicatos. Que la legislación laboral es avanzada. Y mientras tanto, el obrero llega a casa con el sobre —o la transferencia— y hace las cuentas, y las cuentas no salen.
No salen porque la dignidad en el trabajo no es un papel firmado en un despacho. La dignidad es poder vivir de lo que uno produce. Y hoy, en España, eso está sistemáticamente impedido: por arriba, por el empresario que escatima; y por los lados, por un Estado que promulga normas con una mano y retira los medios para cumplirlas con la otra.
Ha fallecido en Alicante nuestra muy querida camarada, Inmaculada Rossi Tortosa.
