A pesar de lo que todos sabemos, y a pesar de que el Gobierno, las autoridades y el mismo protocolo de la Casa Real han decidido que el Rey emérito no estuviese este año en la celebración del 40 aniversario de la Constitución, continuamos haciendo como que aquí no ha pasado nada, como que nadie ha tomado esa decisión, como que ha sido un despiste de protocolo, a mayor gloria de la estupidez humana de los españoles y de los de coche oficial, también.

Tras conocerse, con el consabido estupor, el “enfado” del rey campechano, los telediarios, con sus presentadores de gesto visiblemente afectado, lanzaban, todos a una, el lema de los siguientes días -no muchos, que esto no interesa-: el Rey emérito ha sido el motor del cambio, qué duda cabe. Aún cuando los hechos, que son tozudos, nos revelan que el único cambio del que Juan Carlos de Borbón ha sido partícipe es el de adaptarse a los dirigentes que han ido haciéndose cargo de los sucesivos Gobiernos de España, fueran estos dictadores o demócratas.

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Por Mendelevio.

Llevamos años denunciando las políticas  privatizadoras de Mariano Rajoy como de traición. Políticas que son una continuación de las del Zapatero, que eran continuación de las de Aznar… El piso piloto de la privatización de los servicios público (sanidad y educación) fue la Comunidad de Madrid. Ahora descubrimos que no era por eficiencia, era un expolio y rapiña. Sus promotores (Granados, Ignacio González…), procesados y en prisión.

La privatización del 49% de AENA es una traición a todos los españoles y a los nietos de nuestros nietos. Para salvar unas cuentas públicas, se hizo caja enajenando el 49% de un monopolio natural (ingresos fijos a perpetuidad) a la vez que se ponía una actividad estratégica para la economía nacional en manos de  inversores privados. Según publica AENA , la empresa tuvo 1.164 millones de € de beneficio neto en 2016. El beneficio neto consolidado se incrementa un 39,7% respecto a 2015 como consecuencia de la positiva evolución del negocio y del resultado financiero.[1] El Estado ha perdido el 49% de estos ingresos a perpetuidad. Para compensar la pérdida más IVA y recortes sociales.

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Podemos aprovechó la legítima indignación de los que, reunidos en la madrileña Puerta del Sol y en muchas otras plazas de España, un cada vez más lejano 15-M, exigían justicia social, dignidad para las personas y honestidad a nuestra clase política. Nada que objetar. Es más, consideramos que ninguna protesta puede pasar a la propuesta sin una canalización.

Pero censuramos que, después de haberse aprovechado de esa fuerza que les ha acercado al Poder, se hayan convertido en parte de esa misma Clase política, haciendo demagogia y adaptando su discurso a sus intereses electorales… como hacen todos.

Apoyar el terrorismo, disculpar a los cobardes que dan palizas a funcionarios del Estado y sus parejas para ganar votos de un determinado sector ideológico, es exactamente lo mismo que hicieron PSOE y PP con su política antiterrorista, que ha consistido en dar cancha a los etarras, olvidando la justicia que merecen las víctimas. Ni se debe pactar con los violentos, ni se les debe defender.

Al final, los líderes de Podemos están en las mismas manos que los partidos "de la casta" que tanto critican.

Queremos políticas que marquen la diferencia y nazcan de los valores con los que actuamos los ciudadanos españoles.

¡No más demagogia! Queremos dirigentes valientes, dispuestos a ampliar los límites impuestos a esta democracia formal por una Casta al servicio del clientelismo, el terrorismo, los monopolios y los poderes financieros...

Queremos políticos honestos. 

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El Gobierno del Partido Popular se ha caracterizado por amparar la corrupción, surgida al socaire de las administraciones que gestiona, y por promover una precarización laboral que está convirtiendo a España en un infierno social.

Hay muchas razones para una censura, que los envíe a la oposición, y liberar a nuestra Patria de su mal gobierno y falta de honestidad. Pero aquella no puede venir de la mano de un partido como Podemos, inspirado en el más rancio comunismo que pasa como el Caballo de Atila por los países que asola, y que tiene a la Venezuela chavista como fuente de financiación y a la Grecia de Siriza como referente de gobierno.

España necesita construir una opción distinta. Una alternativa social y patriótica que afirme su identidad, apueste decididamente por reconstruir el Estado social, luche por la regeneración democrática y defienda su Soberanía.

Desde la modestia de nuestros recursos, pero con el ánimo combativo cada vez más fuerte, no cejaremos hasta que esa alternativa, nacional y popular, que España necesita, se asiente en las conciencias de los trabajadores de nuestra nación.

Con la vorágine de la campaña electoral y la cercanía del 26J parece que lo que más importa son los futuros pactos, si es que llegan a darse, las coaliciones o las estrategias que seguirán cada una de las formaciones que ahora conforman el nuevo bipartidismo (¿quien dijo que se había acabado?). En esta reedición de la campaña electoral poco o nada se ha hablado de programas y de propuestas para transformar la realidad. Es más, lo poco que los medios, voceros del régimen, han dedicado a este asunto ha sido a raíz del catálogo de gran superficie sueca del bricolaje en forma de programa electoral que presentó PODEMOS.

Antes de nada conviene aclarar que soy de los que vio y sigue viendo con buenos ojos al movimiento de los indignados, aquél que surgió en España en la primavera de 2011 y del que formaban parte gente de toda edad y condición hastiada del actual sistema político, económico, social, cultural y hasta moral. Cansado de ver cómo el personal solo se manifestaba por el descenso de su equipo a segunda división, era esperanzador ver a ciudadanos salir a la calle para decir alto y claro que otro mundo es posible. Pero siempre después de la tormenta vuelve la calma y la Spanish revolution fue perdiendo gas. Aunque las calles y plazas se fueron despoblando el personal continuaba indignado, y es que había, y sigue habiendo motivos más que suficientes para ello. Dicha situación fue el caldo de cultivo ideal para la creación de una fuerza política emergente, que bebiendo de las fuentes del 15-M supo captar la atención de millones de ciudadanos y en tiempo record llegar a las instituciones, donde habita la “casta” a la que decían iban a desalojar. Hoy, por mucho que ellos digan lo contrario, se han convertido en casta, aunque les diferencia del resto de organizaciones una digamos original y peculiar manera de hacer las cosas, de expresarse, de presentarse… son más directos, llegan más y encima casi no necesitan hacer campaña pues son el blanco de todas las críticas que lanzan las otras tres patas del nuevo bipartidismo.

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