Os contaba en mi anterior “epístola” el dilema al que se enfrentaba nuestra protagonista “Julia”, y la encrucijada en la que me veo sumido cuando el problema de los “bebés robados” salta a la palestra de la opinión pública, con algunas voces (aunque muy pocas) discrepando acerca de la búsqueda por los afectados.
También nos encontramos con polémica cuando intentamos averiguar, no el “cómo” ni el “quién” en la responsabilidad por su autoría, sino el PORQUÉ. No cabe duda que la tentativa de traficar con niños que son hijos de “padres desconocidos” ha existido siempre, así como la dejación de funciones y defectuoso control público de las adopciones; sin embargo, como quiera que en la primera etapa del régimen de Franco, había encarcelamientos y fusilamientos masivos de republicanos (más “oficiales” que las ejecuciones sumarias de miembros del llamado bando Nacional y sacerdotes por las checas y grupos organizados republicanos, que también las hubo, como sabéis), y muchos niños nacidos o por nacer, quedaban irremediablemente condenados a una orfandad anunciada, el bando vencedor rápidamente los daba en adopción forzada a familias supuestamente cristinas sin tacha que los hubieran encargado oportunamente; y dicha circunstancia ha sido muy avispadamente aprovechada por el colectivo por la “Recuperación de la Memoria Histórica” y las organizaciones políticas de izquierdas que le sirven de sustento. Son innumerables las reuniones que he tenido con miembros del PSOE, de IU-ICV, e incluso con EAJ- PNV, en las que, con gran malabarismo dialéctico, han intentado fagocitar el movimiento ciudadano afectado y la asociación que yo cree con ayuda desinteresada de gente humilde (S.O.S. BEBÉS-ROBADOS-MADRID).




Por Mendelevio