ABC, Editorial del 9 de septiembre de 2009

La "contención" de las retribuciones de los funcionarios va camino de convertirse en el nuevo burladero del Gobierno para desviar la atención pública sobre la evolución de la crisis. Después de años de reproches al PP por haber congelado las nóminas de los funcionarios, el Ejecutivo empieza a buscar desesperadamente fuentes de ingresos o tapones de gasto para frenar el déficit, que, además, tengan un respaldo social basado en el populismo de la medida. Primero se suben los impuestos a los "ricos" y ahora se echa el cierre a los sueldos de unos funcionarios que, a la vista de muchos, tienen puesto asegurado y trabajan muy poco. Esta visión negativa de la función pública se nutre del oportunismo de señalar a los funcionarios como un grupo de insolidarios que debe asumir un coste especial por la crisis.

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Lucía Méndez en El Mundo, 18.04.09

Kevin Bacon es el protagonista de una película emitida por la HBO que ha hecho llorar a las piedras en Estados Unidos. Se titula Taking Chance y relata el último viaje del soldado Chance Phelps, de 19 años, desde Irak donde lo mataron hasta su casa en un pueblo de Wyoming. Basada en hechos reales, Bacon encarna al teniente coronel del Cuerpo de Marines Michael Stroble, que se presenta voluntario para escoltar el cadáver del joven Chance y entregarlo a su familia. El viaje empieza en la base de Dover, el tanatorio del Ejército estadounidense, donde los restos de Chance son preparados para que sus padres lo puedan ver impecablemente vestido de uniforme y con sus condecoraciones, aunque sea muerto. Hasta sus uñas son lavadas y limadas. Al cadáver se le asigna un código de barras para que no quepa duda de quién es. En la base de Dover todos los caídos -aunque estén descuartizados o quemados- son identificados y la mayoría reconstruidos. El teniente coronel Stroble recoge la caja con los restos de Chance y no se separa de él ni un solo instante durante los días y las noches que dura el viaje. Duerme con él en los hangares y cada vez que la caja sube o baja de un avión o de un coche, el teniente coronel se cuadra y los saluda.Todas las personas con las que se cruza rinden honores cuando se dan cuenta de que el hombre de uniforme está llevando a cabo una de las misiones de los marines: "Cuando uno cae, otro le lleva a casa".

 

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Rosa Montero en El País, 3.2.09

No me he repuesto todavía del pasmo de ver al nuevo coordinador general de IU, Cayo Lara, al frente de una manifestación en apoyo al régimen cubano. Escribir es una manera de pensar, y la indignación es una mala consejera a la hora de escribir porque dificulta el raciocinio. Intentaré (será difícil) no indignarme, pero lo que no puedo evitar es una inmensa tristeza. La pena de saber que, una vez más, las víctimas del castrismo están siendo doblemente apaleadas, por un régimen que les priva de todos sus derechos y por unos manifestantes que, siguiendo la vieja práctica totalitaria, se dedican a insultarlas y difamarlas. El desaliento de comprobar hasta qué punto el dogmatismo no sólo ciega a las personas, sino que las envilece, haciéndoles apoyar a los verdugos.

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Juan Francisco Martín Seco en Público

En el pasado solía ser una de las reivindicaciones de la izquierda. Conviene recordar que en 1976, en la escuela de verano del PSOE, Miguel Boyer, que seis años más tarde sería superministro de Economía y Hacienda, se pronunciaba a favor de la nacionalización de la banca. Eran los últimos coletazos de una ideología de izquierdas que quedaría sepultada bajo el tsunami del pensamiento único, pensamiento único que, sin aportar razones, exclusivamente a través de la descalificación y colgando el cartel de desfasado a quien osase contravenir sus dictámenes, condenaba todo lo público y ensalzaba lo privado.
Con la llegada del PSOE al Gobierno, no sólo no se nacionalizó la banca, sino que innumerables entidades financieras, tras ser saneadas con dinero público, fueron devueltas al sector privado.

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Antonio Muñoz Molina en El País, 25.11.08

En su artículo del 24 de noviembre, Almudena Grandes hace lo que tal vez intente ser una broma acerca de una monja en el Madrid del comienzo de la Guerra Civil: "¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una pandilla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?". ¿Estamos ante la repetición del viejo y querido chiste español sobre el disfrute de las monjas violadas? No hace falta imaginar lo que sintieron, en los meses atroces del principio de la guerra, millares de personas al caer en manos de pandillas de milicianos, armados y casi siempre jóvenes, aunque tal vez no siempre sudorosos.

 

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