AC ADEMÁN
Sevilla

Estimados camaradas,

Ante la suspensión de la presentación del libro “El último José Antonio”, que había de celebrarse en Sevilla organizado por ustedes, debido a la miserable presión ejercida en las redes sociales por un grupúsculo izquierdista sobre la librería que iba a ceder sus instalaciones para el acto, queremos manifestaros nuestra solidaridad y apoyo ante tamaña injusticia así como por el trabajo que hacéis difundiendo la cultura, alejada de cualquier sectarismo ideológico y partidista.

Hechos deplorables como este, constituyen un botón de muestra del matonismo de la izquierda así como de la cobardía de una mayoría incapaz de defender la justicia y la verdad frente al chantaje y la manipulación.

Estamos seguros de que la AC Ademán seguirá, con más ahínco, desarrollando su labor en defensa de la cultura, la libertad y España y para ello siempre tendrá el apoyo de quienes integramos FA.

Un cordial saludo a nuestro estilo,

Junta Política Nacional de Falange Auténtica

Por Mendelevio.

Quiero empezar el artículo disculpándome por el título. Mi problema es que me cuesta aplicar la palabra socialista al PSOE o la palabra popular al PP. Ni el PP ni el PSOE representan al pueblo, ni defienden sus intereses. Sus nombres son parte de las mentiras del sistema.

Los gobiernos "sociatas" (nacionales, autonómicos, provinciales o municipales) han fomentado un "gratis total" en temas de cultura y espectáculos. Han subvencionado directores de películas que no han ido a ver ni el que "asó la manteca". Han subvencionado conciertos, obras de teatro, exposiciones... de tal forma que han acostumbrado a la gente a ir gratis o a precios muy por debajo del coste. Esto ha perjudicado a los artistas no subvencionados,  ya que les cuesta  que la gente pague por verles.

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Luys Santa Marina declaraba un día que era montañés y de vieja familia montañesa. Nació en Colindres (Cantabria) el 4 de enero de 1898. Comenzó Derecho en la Universidad de Oviedo, pero lo dejó porque no le gustaba. Un buen día se instala en Barcelona donde encuentra trabajo en un negocio de publicaciones que era de unos parientes suyos: los Canosa Gutiérrez. En esta ciudad pasó la mayor parte de su vida y murió en ella el día 15 de septiembre del año 1980. En 1924 publica su primera obra que llevará por título Tras el águila del César. Elegía del Tercio (1921-1922), que «vino a ser prohibido tanto por la Dictadura como por la Dictablanda, igual por la República que por el Franquismo»1. Así pues, esta prohibición parece, a primera vista, una «sentencia»difícil de entender, y que, sobre todo, haya podido salir de ese Régimen, pero esta medida, fuera de toda lógica, tampoco debiera sorprender a nadie porque algunos textos del mismo José Antonio Primo de Rivera ya habían sido prohibidos en 1937, incluso antes de la “unificación”. Después vendrían otros títulos como Tetramorfos, y Domus, que siguen la misma línea. Labras heráldicas montañesas, que demuestra su interés por la Heráldica, y Estampas de Zurbarán, etc.Era también un buen poeta cuyos poemas están recogidos, en su mayoría, en sus dos únicos libros: Primavera en Chinchilla (año 1939) y el que tituló Halladas (año 1940). En la ciudad condal funda y dirige en 1932 la revista literaria Azor (resucitada después de la Guerra Civil), en la que colaboraría el novelista, autor teatral, crítico y poeta Max Aub2, gran amigo suyo a pesar de las diferencias que podía haber entre ambos desde el punto de vista político3.

 

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Eduardo López Pascual

Nadie puede poner en duda, y desde luego yo tampoco, la enorme capacidad intelectual y la brillantez del currículo de Jaime Suárez. No creo que objetivamente se desconozca el gran testimonio que Jaime, desde sus años jóvenes, ha ofrecido a la figura y la herencia doctrinal de José Antonio Primo de Rivera; y luego, la calidad humana de mi amigo Jaime Suárez, queda contrastada con el trato que nos dispensa siempre a todos. Jaime, además ha venido ofreciendo al ámbito político azul una obra inmensa desde Plataforma 2003, por ejemplo. Y por último, quiero expresar mi respeto por Jaime Suárez. Toda esta introducción, me sirve para con el mismo cariño que hago esta previa, señale aquí con prosa directa la tristeza que me ha producido leer su libro EL LEGADO DE JOSE ANTONIO, que acaba de ser publicado.

La obra pudiera resumirse –desde mi punto de análisis-, en dos partes; una primera, dedicada a una relación histórica, fechas, datos, citas, que entra en lo que se podría entender como expositiva, y ante la cual sólo cabe la aceptación de los hechos. La parte siguiente, estaría ocupada básicamente por una afirmación de sus actuales convicciones ideológicas, doctrinales y funcionales, emitidas a través de una entrevista tan exhaustiva como demoledora. Aquí, Jaime nos circunscribe a todo un razonamiento en contra de los principios que caracterizan  al mensaje de José Antonio y, naturalmente, al instrumento que lo haría posible como es Falange y su vehículo ideológico, el nacionalsindicalismo, en el que ya no cree.

Jaime cae a mi juicio, como otros ex-camaradas hicieron antes, en una confesión general junto a un arrepentimiento personal, en una increíble apuesta por la depredación sistemática que viene sufriendo Falange como institución y como cuerpo de acción, no tanto por ataques a su estructura social como por el empeño en devaluar su filosofía política. Jaime, en su parte expositiva, como en la fórmula de entrevista que emplea para su renuncia, viene a descalificar, una a una, casi todas las propuestas originarias que dieron lugar al nacimiento de la doctrina falangista. No quiero caer en la tentación de anotar un resumen de frases citadas en las páginas correspondientes, el libro queda para leerlo, pero, desde situar a José Antonio en el error por proponer una representación sindical, o a tachar de irreal la determinación nacionalsindicalista de superar el Capitalismo, o la, según él, imposible misión de cambiar las relaciones de trabajo del sistema liberal, o la negación de la banca nacional y el fin social del crédito, Jaime se manifiesta, en consecuencia, renunciando y renegando de cualquier inspiración revolucionaria. Su libro, en general, me ha parecido en la línea de "Escrito en España", de un ex-camarada tan significativo como Dionisio Ridruejo.

Luego, cuando mi buen amigo Jaime acude a una permanente "intoxicación", para explicar su joven ardor falangista, en donde habría que incluir su paso por el Frente de Juventudes, sus aspiraciones como Jefe de centuria, sus responsabilidades en la Universidad, etc., en testimonios que me recordaban párrafos de Laín Entralgo, de Jaime Campmany, de Enrique de Aguinaga y tantos otros, la verdad es que no lloré porque a estas alturas es difícil echar lágrimas por casi nada, pero, francamente, leer su "Legado de José Antonio", es como hacerlo de un epitafio de Falange. Como decía un clásico: "con amigos así, no necesitamos enemigos". Espero que Jaime entienda mi pena y mi frustración porque con la voluntad de hacer un prototipo angelical de José Antonio, lo único que consiguen es destrozar, desde dentro, al personaje y la proyección futura de su obra.

Jon Juaristi en ABC.ES

COMO inesperado regalo de Año Nuevo, me llega la biografía de Rafael Sánchez Mazas que acaba de publicar una editorial de Bilbao, Muelle de Uribitarte, bajo los auspicios de la Fundación Bilbao 700-III Millenium. Este Rafael Sánchez Mazas. El espejo de la memoriaes obra de Alfonso Carlos Saiz Valdivielso, historiador del periodismo vasco, crítico taurino y biógrafo avezado (autor de una clásica biografía de Indalecio Prieto). La de Sánchez Mazas se incluye en una colección de Bilbaínos Recuperados que cuenta ya, por lo que veo, con una abultada nómina: desde Aranaz Castellanos, que fue un estupendo costumbrista crítico, forzado a dar salida a sus libros en editoriales madrileñas, hasta el gran escultor Quintín de Torre, pasando por el pintor Adolfo Guiard o el poeta Juan Larrea. Son precisamente los nombres excluidos del canon de la cultura vasca por un nacionalismo cegato, y es un buen síntoma que la Bilbao del tercer milenio los reivindique y recupere.

Con todo, la condición de bilbaíno irrecuperable no me parece tan penosa. Bilbao ha cumplido en los tiempos modernos una función semejante a aquella que tuvo en el imaginario medieval la mítica isla de Escandia, una matriz de pueblos que se desparramaron por el continente creando reinos desde Rumanía a Toledo. No se sabe el porcentaje exacto de humanidad con ancestros bilbaínos, pero debe de ser elevadísimo. Vargas Llosa nos recordó, por ejemplo, que la feminista y revolucionaria francoperuana Flora Tristán tenía raíces en el Bochito. Los bilbaínos dan mucho juego cuando se vuelven turcos.

Sánchez Mazas

Sánchez Mazas fue un bilbaíno nacido en Madrid, como para ilustrar el famoso axioma de que los bilbaínos nacen donde les da la gana. Tal desliz no habría bastado para negarle el padrón étnico, pero tuvo la debilidad de hacerse falangista, con el carnet número cuatro. Más camisa vieja, imposible. Como observó Andrés Trapiello, ganó la guerra pero perdió la paz. Estas cosas marcan. Si te apuntaste a Falange en 1933, pongamos por caso, ello quiere decir que toda tu vida anterior no fue sino una propedéutica al fascismo y la posterior queda igualmente vista para sentencia, porque la crítica de izquierdas aborrece la ambigüedad. Yo probé un poco de este jarabe de palo en una polémica con el difunto Ernest Lluch, que me acusó de fascista retrospectivo porque sostuve que La vida nueva de Pedrito de Andía, de Rafael Sánchez Mazas, era una de las novelas más hermosas del siglo XX español. Sigo pensando lo mismo.

Saiz Valdivielso ha escrito una biografía excelente, con un impresionante repertorio gráfico. Ilustra la portada del libro el retrato que hizo de Sánchez Mazas y de Pedro Mourlane Michelena, vestidos ambos a la moda romántica, el pintor bilbaíno Aurelio Arteta. Un vestigio de la ciudad literaria de los años de la Gran Guerra, en la que los maurrasianos de la Escuela Romana del Pirineo, nacionalistas vascos como Jesús de Sarría y Alejandro de la Sota y socialistas como Arteta y Julián Zugazagoitia se movían en los mismos círculos y colaboraban en las mismas publicaciones surgidas al rebufo delnoucentismecatalán y del vorticismo inglés. Así fue, aunque no guste a algunos que se recupere ese episodio de la historia cultural vasca.