El programa cultural de TVE, Estravagario, dedicó hace ya varias semanas una de sus ediciones a la Falange, a propósito de varias novedades editoriales donde el falangismo, de una u otra manera, está presente. Aunque ya queda algo atrás la fecha de su emisión, merece la pena hacer alguna referencia al contenido del espacio, que, como es lógico, incluyó opiniones dispares y en buena medida discutibles, pero que en conjunto resultó sumamente interesante.
Lo primero que nos viene a la cabeza es que, cuando Fernando Sánchez Dragó hizo algo similar en su antecesor Negro sobre Blanco, con ocasión del Centenario de José Antonio, recibió duras descalificaciones de un coro político y mediático defensor de la corrección política, que abrió Javier Tussell desde las páginas de El País. No sería tan descabellado hacer a José Antonio y a Falange objeto de atención cuando, una vez que los nuevos responsables de TVE designados por el PSOE hicieron desaparecer aquel excelente programa literario, su sustituto también ha considerado oportuno abordar el mismo asunto, que no en vano sigue dando origen a una amplia producción editorial.

Los invitados de Javier Rioyo para la ocasión fueron Andrés Sorel, autor de la novela El falangista vencido y desarmado (RD Editores, 2006), Manuel Penella, que ha elaborado el estudio La Falange Teórica. De José Antonio Primo de Rivera a Dionisio Ridruejo (Planeta, 2006) y Antonio-Prometeo Moya, quien ha publicado el original relato Últimas conversaciones con Pilar Primo (Caballo de Troya, 2006).
"Queridos desconocidos que os metéis en mi web: ya sabéis que yo no suelo visitarla, por la sencilla razón de que nadie va de visita a su propia casa, pero me llegan rumores de que el acto organizado por Falange Auténtica el día 28 ha suscitado cierta perplejidad en los políticamente correctos. Me alegro de que sea así. Siempre he tenido vocación de tábano y me gusta irritar las partes de los pudibundos. Hago saber al respecto:
Escribir para mi del Doctor Perales es tarea fácil. Amigo de mi padre, médico de la familia, y después, camarada y Jefe. Yo fui siempre "Miguelito para él, el niño pequeño de Manolo Hedilla, enfermizo y gordinflón. En casa fue siempre el Doctor Perales, que a cualquier hora del día o de la noche venía a visitar a los enfermos, a charlar un rato con mi padre y a plantearle cualquier nueva conspiración contra el régimen de Franco.