Enterarnos de que el Gobierno no piensa ampliar las ayudas a las madres que no tengan un trabajo remunerado, nos ha llamado la atención de manera muy negativa.
Cuando se habla de familia en España, parece que sólo es para plantear regulaciones legales que, si bien necesarias, afectan exclusivamente a colectivos muy limitados. Cuando de lo que se trata es de fomentar la creación o ampliación de familias con hijos, la cosa cambia y España pasa de ser la nación más avanzada de Europa a ser una de las más míseras en ayudas e incentivos.

Permitir sólo el acceso a las ayudas estatales a las familias en las que los dos miembros de la pareja tienen un trabajo remunerado, no deja de ser una indicación de cuál es el modelo de convivencia que está dispuesto a fomentar el Gobierno. La crianza de los hijos directamente por los padres, el darse un respiro en la vida de permanente competitividad profesional para pasar algunos años haciendo una de las labores sociales más grandes e importantes que hay: criar y educar a los propios hijos, parece ser algo que no merece el esfuerzo presupuestario del Gobierno.



