Alarma, miedo, desconfianza y una inquietud agorera nos han provocado las primeras reacciones ante el anuncio de Rodríguez Zapatero sobre la apertura del diálogo con ETA. Es sintomático ver quiénes han acogido bien el anuncio y quiénes no. Es igualmente sintomático el rechazo generado por dichas declaraciones en otros sectores de la vida política y social española.

Cuando Batasuna valora positivamente este anuncio, es claro que se está posicionando a favor del Gobierno, porque adivina que de éste llegarán concesiones, o que permitirá que algunas decisiones se adopten hurtando del ámbito de la soberanía nacional de España el derecho a decidir sobre su futuro, para ponerlo en manos de un ámbito de decisión, el circunscrito al País Vasco, donde adivinan que sus tesis serán apoyadas, no sólo por sus huestes, sino por las del nacionalismo reaccionario de PNV-EA que, en temas de separatismo, son, con Batasuna, frente común y aliados, tanto monta-monta tanto, en contra de mantener vivo y creciendo el proyecto de vida en común que es España.
Se trata de un gesto con el que pretendemos poner de manifiesto la carencia democrática que supone el sometimiento ciego que exigen los grandes partidos, y que en este caso afecta a una persona que, más allá de discrepancias ideológicas, ha venido siendo todo un ejemplo de compromiso y de coraje cívico.

