Islas Canarias

Conoce la actualidad de Falange Auténtica en las Islas Canarias

Muchos canarios asistimos a diario, con una mezcla de vergüenza más ajena que propia, a intervenciones públicas de políticos de estas Islas en las que despliegan una exhibición de acento exageradamente canario, lleno de aspiraciones y semicarraspeos para orlar una retahíla de expresiones pretendidamente autóctonas, vengan mucho o poco a cuento.

Así, en medio de tanto jadeo casi sexual, se nos regalan perlas como “no me ta gusjtando el caminásj de la perrita”, “yal conejo mesjrriscó la perrra” y otras agudezas, por poner un ejemplo circunscrito a una actividad concreta, sacadas del léxico cinegético de aquí. Pero además se usan en unas islas expresiones típicas de otras que llevan a la perplejidad del oyente, como decir sancochada en la Provincia Occidental o, llegado ya al paroxismo, denominar enyesque al tradicional tapeo tras un acto y que siempre se ha llamado ¡Oh anatema! tomar un “vino español” (también sustituido por el menos radical “vino canario”. Como si los vinos canarios no fueran también españoles, tanto como los de la Ribera del Duero, y no oyéndose nunca  la expresión “se servirá un vino dueroribereño”). Llegamos así al guanchismo, esto es, pretender que determinadas expresiones sean de origen aborigen aunque no tengan ese carácter y cuya verdadera raíz se oculta. Por ejemplo, cada vez se oye usar más el término Garoé en vez de “Maná” para algo caído del cielo pero en pocos sitios se aclara que el nombre pretendidamente aborigen del Árbol Santo de El Hierro viene del castellano antiguo “garúa”, que significa  “llovizna”. Incluso en el pequeño centro de visitantes de aquel enclave se dice que así era como llamaban los bimbaches o bimbapes  a su  árbol-fuente. A medio camino de este proceso está el modificar la palabra castellana hasta hacerla irreconocible. Así tenemos como cada vez más se pretende imponer el uso de papás arrugás en vez del de siempre de “arrugadas”, siendo quizá el caso más claro el del término “Malpaís”. Es cierto que en algunas islas como las orientales se ha usado tradicionalmente el término Malpei para designar al tipo de colada volcánica ácida y de aspecto rugoso, pero últimamente se oye decir Maipé para referirse a lo mismo. Al final  dirán que ése era el vocablo aborigen y nada hará recordar al acertado término del español hablado en Canarias para referirse a las zonas de lavas malas hasta para el tránsito y por ello, país malo: Malpaís.


 

Se trata en definitiva de reforzar las diferencias para recalcar lo distinto que somos del resto de españoles. Y si esa diferencia es leve, se exagera, y si no la hay, se inventa. Todo en aras de forzar una identidad que nuestros dirigentes nacionalistas y sus acólitos ven, tal y como es realmente, escasa y por ello poco apropiada para sus fines

Para terminar estas reflexiones, volvamos a lo apuntado en el primer párrafo. Ya habiendo divagado en torno a la letra, vayamos a la música. Ese acento raro, forzado y ajeno a casi todos los canarios podríamos identificarlo como una exageración del tonillo que ciertos estudiantes universitarios de Gran Canaria terminaban adquiriendo en La Laguna por la mezcla con el acento chicharrero de carácter más castizo. Podríamos denominarlo “Canario Batúa”, en referencia al intento de normalización, no menos artificial, del multieuskera en una sola lengua que no entiende casi ningún vasco que la haya aprendido de sus abuelos en sus respectivos caseríos y valles.

Lo dejamos aquí y agüita con juciarnos por maquinar tan chungo de nuestra jabla.