No por repetidas nos vamos a acostumbrar a las terribles noticias e imágenes que procedentes  de Palestina e Israel inundan todos los días los noticieros. Al brutal ataque de las organizaciones terroristas Yihad Islámica y Hamas contra el sur de Israel del pasado 7 de Octubre, que asesinaron a 1.200 personas, la mayoría de ellos civiles y a sangre fría, secuestraron a más de 250 y maltrataron a decenas de mujeres israelíes, sucedió la respuesta desmedida del Ejército israelí que actualmente supera los 35.000 muertos, la mayoría de ellos civiles, ancianos, mujeres y niños palestinos que no tuvieron la más mínima oportunidad de defenderse o escapar.

Pese a que la Historia es tozuda y el baño de sangre en esa tierra cíclico, creemos que es inmoral y quita el crédito a eso que se conoce por “comunidad internacional” el que las instituciones que la representan sean tan inútiles para poner fin a la sangría e imponer un status quo que garantice si no la convivencia, al menos la paz y la seguridad de los que viven en esa zona de Oriente Medio. Y es que, aunque podríamos remontarnos a periodos anteriores, desde la creación del Estado de Israel en 1948 la situación de guerra ha sido la regla general pese a los intentos de ambas partes de acabar con eso y lograr la ansiada paz.

A los acuerdos de paz de 1993 que pretendieron poner fin al conflicto, sucedieron los Acuerdos de Oslo de 1994 que, entre otras cosas y para lograr la paz, establecían el reconocimiento de Israel por los árabes y la autonomía de Palestina durante un periodo transitorio hasta lograr un Estado propio, algo que las Naciones Unidas ya reconocieron en 2012 a través de la Resolución 67/19. Pero a cada paso que se daba en el buen camino, quienes no están de acuerdo con ello y pretenden imponer sus criterios a sangre y fuego, dinamitaban las opciones de pacificación. Así el Primer ministro israelí Isaac Rabin, firmante y promotor de los acuerdos de paz, fue asesinado por un fanático sionista en 1995, dando inicio a una radicalización de la política en Israel contraria al entendimiento con sus vecinos palestinos. Y en el lado contrario, la organización terrorista de corte islamista Hamas, partidaria de acabar con el Estado de Israel y de la aniquilación de los judíos, se hizo con el control del territorio palestino de Gaza en 2007, expulsando de allí a la Autoridad Nacional Palestina.

Ejemplos tenemos de estados vecinos, integrados por poblaciones enfrentadas por razones étnicas, religiosas y culturales que, tras periodos de conflicto e inestabilidad, han conseguido vivir seguros gracias a la separación y la aceptación de las reglas impuestas por la comunidad internacional. Así ha sucedido en Chipre, donde la parte de la isla habitada por la comunidad de origen griego conforma una república integrada en la Unión Europea y la parte habitada por la comunidad de origen turco, aunque con instituciones propias,  es de hecho una región de Turquía. Nosotros pensamos que si de verdad se quiere poner fin al conflicto y acabar con el baño de sangre inocente, los miembros de la comunidad internacional más vinculados con las partes: Estados Unidos, Unión Europea, Liga Árabe y sobre todo la ONU, han de intervenir de manera contundente para forzar una paz que acabe de una vez con los ataques indiscriminados contra la población civil, propicie la liberación de los rehenes, permita la ayuda humanitaria a la población de Gaza y proceda a la disolución de los grupos terroristas. Todo ello con el objetivo de garantizar fronteras seguras  a Israel y consolidar  un Estado palestino, con la ANP como actor principal,  que integre territorialmente y sin asentamientos israelíes a Cisjordania, Gaza y con Jerusalén-Este como capital.  

No vemos otra opción viable y lo contrario sería consolidar la carta blanca a quienes pretenden mantener la situación de odio y terror, para perpetuar el dolor, el sufrimiento y las masacres a unas gentes que ya han padecido demasiado. Que en sus conciencias quede.

 

Ejecutiva Nacional de Falange Auténtica