Se ha ido casi en silencio, poco a poco, como no queriendo molestar; el padre, el hermano, el compañero, el hombre... Su maltrecho corazón y la enfermedad lo apartan ahora de sus pasiones; pero el recuerdo de su generosidad y caballerosidad nos acompañará siempre. Carmelo deja tras de sí una estela, un legado marcado por una profunda, casi patológica vocación de servicio a los demás; a cualquier hora, en cualquier circunstancia y de cualquier manera. Lo importante eran los demás, casi nunca él mismo. Poco tiempo le quedaba al día para su afición a las lecturas históricas, sus perros y aquellas viejas películas del Oeste.
Con 60 años y una amplia trayectoria como funcionario del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en distintos servicios, Carmelo fue el impulsor de ese grupo de hombres y mujeres que hoy componen la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil. Un colectivo de indiscutible importancia para el municipio capitalino, y que cada día demuestra como en esta sociedad aun perviven valores como la solidaridad y la entrega desinteresada a los demás.



