En el universo de las ideas políticas el Nacionalsindicalismo aparece como un agregado de conceptos dispersos que nunca ha llegado a sistematizarse satisfactoriamente. Se pueden aducir múltiples razones para explicar este estatus anómalo. Pero, al abordar hoy el tema, no nos mueve el interés historiográfico sino  el puramente doctrinal. La compleja tarea que nos imponemos es la de ensayar una descripción, somera pero íntegra, del Nacionalsindicalismo en sus vertientes política y económica.

Si bien es posible, y hasta recomendable, tomar en consideración todas las aportaciones habidas a lo largo de sus casi noventa años de existencia es muy cierto que la definición que buscamos puede nutrirse exclusivamente de los textos de José Antonio. Con una salvedad. Si bien todas las bases del concepto nacionalsindicalista se hallan allí, no es menos cierto que se encuentran sepultadas bajo una gruesa capa de retórica, de erudición jurídica, de alusiones metafísicas y hasta de personalísimos juicios de valor que sacrifican la claridad de la exposición a la belleza formal. Lo cual obliga a sumergirse hasta las profundidades de sus escritos.

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Hay que leer, José Antequera

En respuesta al artículo aparecido en el blog Diario 16, firmado por José Antequera.

¿Y por qué?

Bueno, su interpretación torciera y sesgada de la Historia, sus deducciones infantiles y su desconocimiento de la figura del fundador de Falange Española, nos han inspirado a aportar una visión que se acerque, aunque sólo sea mínimamente, a los hechos referidos en el escrito.

Sabemos que es absolutamente imposible prescindir de cualquier tipo de interpretación sobre los hechos puesto que la interpretación es una herramienta que los humanos utilizamos para comprender. Sin embargo, una cosa es interpretar y otra lo que hace José Antequera en este artículo: inventar y sentar cátedra en primero de demagogia y oportunismo al uso.

El desopilante artículo de José Antequera

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Por Eduardo López Pascual

No he estado en la manifestación del Día de la Mujer. No porque no me identificara con las reivindicaciones de las féminas, que las defiendo a capa y espada -las que son puramente propias de su condición como seres humanos y, como tales, deben tener los mismos derechos y oportunidades unos y otras-, sino porque física y éticamente no me apetecía estar allí. En esa marcha multitudinaria, y no le quito su enorme afluencia, aparecían pancartas, se oían gritos y se exclamaban frases que en nada correspondían a las peticiones que, como mujeres, eran necesarias y urgentes.

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Por Francisco Ortiz Lozano

Después de siglos y siglos en que la unanimidad de nuestros antepasados tenían claro lo que es una familia, vivimos ahora tiempos "de cambios". Cualquier medio de comunicación, sobre todo esa mayoría de los medios sujetos al clan socialista de Polanco, prensa, radios, televisiones públicas o privadas, insisten en "reeducar" a los españoles y cambiarles su esquema sobre conceptos básicos de convivencia y sociedad. Ya sea en debates, documentales, informativos, telefilms (como la paradigmática "Aquí no hay quien viva") o, sobre todo, mediante reality shows de máxima audiencia entre nuestros mayores (como "La tarde con Cristina", "El diario de Patricia", "Andalucía Directo" y muchos más que escapan a mi interés), la consigna es idéntica a la formulada por los políticos políticamente correctos. El gobierno socialista de Zapatero y partidos como Izquierda Unida, Esquerra Republicana de Catalunya, Chunta Aragonesista, Bloque Nacionalista Galego, Partido Comunista de las Tierras Vascas, etcétera, proclaman que una pareja de homosexuales, a la que se concederá estatuto de matrimonio, también es una familia con respecto a los niños huérfanos que adopten (y no me refiero a los hijos de dichos homosexuales, que, lógicamente, son sus hijos y forman parte de su familia).

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Por Carlos M. Calamendi

 

¿Crees que estamos acabados?

Echa un momento la vista atrás y piensa en lo que había cuando surgimos:

1) Una izquierda filo soviética que promulgaba anular el individualismo, y abolir la propiedad privada, no en beneficio de la colectividad sino para engrosar la titularidad de bienes del Estado;

2) Una derecha caciquil ultra liberal que pretendía la perpetuación de las injusticias estructurales del sistema, y de los privilegios de clase, ocultando bajo la enseña nacional la lacra del trapicheo, y

3) Un anarquismo en el que la intelectualidad y la doctrina eran despreciadas en favor de una masa incontrolada y analfabeta que no pasaba de querer abolir el Estado sin
proponer nada a cambio.

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José Antonio Primo de Rivera

Frente a esto, hubo un hombre que defendió que la propiedad privada es un derecho que no puede ser negado por el Estado, pero que aun siéndolo, debe ser limitado en pro del interés social; pues no es lícito ni moral que haya a quien le sobra mientras hay quien está necesitado. En resumen, esto es la aceptación del liberalismo, si bien corregido en sus desviaciones por los innegociables contrapesos de la dignidad humana y la justicia social, en provecho del bien común de todos.

A él le fusilaron, y pretenden hacer creer que su causa está muerta y olvidada. Sin embargo…

¿Quién defiende hoy de verdad la sovietización? ¿Quién aboga seriamente por el libre mercado en su versión primigenia?

En cambio a la teoría en que la función social es el límite a la propiedad privada bajo el imperio de la ley, se le llama hoy Estado social y democrático de derecho, y es considerada como objetivo al que debe aspirar la política actual.

Nuestro ideal es la piedra de toque que nos guía, no sólo a nosotros, sino a la sociedad entera, pues por encima de las derivas tendenciosas del mundo, podemos estar orgullosos de saber que nuestro Jefe supo divisar un camino transitable para el futuro, el cual sin duda conquistaremos, cuando amanezca esa España que soñamos con amor para todos, incluidos los que dicen que no nos quieren porque no se han molestado en escucharnos. No importa.

El tiempo ya nos da la razón.

“La aspiración a una vida democrática, libre y apacible será siempre el punto de mira de la ciencia política por encima de toda moda.” José Antonio Primo de Rivera.