El Gobierno del PSOE y sus socios parlamentarios han procedido a cerrar la Comisión Parlamentaria de Investigación del 11-M. Es evidente que los trabajos de esta Comisión no han servido, como los ciudadanos deseábamos, para arrojar una luz definitiva sobre el más dramático atentado de nuestra historia.

 

Y ello porque las fuerzas parlamentarias no querían averiguar la verdad, sino intentar apuntalar cada una su particular verdad. El Partido Popular tenía como objetivo demostrar que, por parte del PSOE, existió una utilización de estos crímenes para lograr la victoria electoral, aprovechándose de la enorme conmoción popular. El Partido Socialista y sus socios perseguían acreditar que el PP mintió en esos días, que el ejecutivo ocultó los indicios disponibles sobre la autoría o, cuando menos, dosificó convenientemente la información al servicio de sus intereses electorales. Es más que probable que sean verdad ambas cosas y que, como decíamos en esta misma web en los momentos posteriores al atentado, mientras España entera estaba rota por el dolor, las frías calculadoras funcionasen intensamente tanto en Génova como en Ferraz.

 

Pero, más allá de intentar reforzar estas versiones sobre los comportamientos partidistas que se produjeron entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, ningún partido ha centrado sus esfuerzos, con seriedad, con rigor y con honradez, en conocer qué hubo detrás de esta acción terrorista, qué errores se cometieron y qué medidas han de adoptarse para evitar que se repita un hecho semejante.

Durante la Comisión, los españoles vivimos con vergüenza ajena los comportamientos de los diputados de uno y de otro signo -más propios de hinchas deportivos que de representantes democráticos analizando unos hechos graves y trascendentes- jaleando a sus líderes o denostando a los contrarios. El Partido Popular vivió con un aire casi festivo, impropio del cometido de la Comisión, las jornadas en las que, desde su punto de vista, salieron airosos Acebes o Aznar de sus largos interrogatorios. Y el PSOE tuvo un comportamiento semejante con la comparecencia de Rodríguez Zapatero.

En esas circunstancias, la intervención de los representantes de las víctimas y, especialmente, de Pilar Manjón, fueron en ese momento un revulsivo ante la opinión pública, que puso en evidencia esas actitudes tan lamentables. Un revulsivo, eso sí, bien pronto desactivado. Sólo después –cuando se salió del guión consensuado- hemos ido conociendo el verdadero rostro sectario de esta compareciente: una militante izquierdista que, tras alcanzar la presidencia de la asociación en los días previos a la comparecencia parlamentaria -en una maniobra claramente diseñada para desplazar a la anterior presidenta, de perfil más independiente- ha ahondado en una división ideológica de los afectados por el terrorismo, ha puesto más énfasis contra algunos dirigentes políticos que contra los asesinos directos, e incluso se ha atribuido la facultad de repartir credenciales de legitimidad en los sufrimientos familiares.

 

Aunque Rodríguez Zapatero, al cerrar en falso esta Comisión, asegure no tener ninguna duda sobre el atentado del 11-M, la oposición, los medios informativos o la opinión pública, sí han puesto sobre la mesa muchas interrogantes que persisten. En esta confusa trama de connivencias entre ambientes políticos, policiales y delictivos, se plantean muchos puntos oscuros, que la Comisión parlamentaria no ha tenido ningún interés en aclarar.

 

Quizá el aspecto positivo de la iniciativa pueda estar en las medidas que finalmente recomiende para mejorar la seguridad pública tras esta amarga experiencia. Pero, tras meses de existencia de la Comisión parlamentaria, los ciudadanos seguimos sin saber cómo se gestó aquella jornada, cuyo dolor nos alcanzó a todos. Quienes orquestaron manifestaciones en la jornada de reflexión exigiendo "conocer la verdad, se han olvidado luego de esa aspiración, tan pronto como dejó de ser útil para sus intereses. Pero posiblemente tal exigencia sigue latiendo de forma sincera en muchos españoles, entre los que nos encontramos, desde luego, las mujeres y los hombres que formamos Falange Auténtica. Confiemos en que al menos la investigación periodística y la judicial puedan seguir arrojando alguna luz sobre esta masacre, ahora que los políticos han desistido ya formalmente de algo en lo que nunca estuvieron realmente interesados.


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