Colaboraciones

Artículos de opinión

Por Juan Fº González

Ayer por la tarde, al tomar café en un bar,  hojeaba  el periódico que estaba sobre la barra. De esa lectura rápida de titulares y subtitulares destacados, llegué a las últimas medidas aprobadas por el Gobierno de la Nación el pasado Viernes  para reactivar la economía. Se convertía en realidad esa promesa, que nada va solucionar y que encubre un ariete propagandístico, para en el futuro sacarlo como demostración de los
cumplimientos de los compromisos electorales.  Lo que sigue es lo que
literalmente dice EL PAIS, sobre esta noticia:

"La otra gran medida de impacto es el cheque fiscal de 400 euros que se destina a trabajadores, autónomos y pensionistas; en total, 16,4 millones de contribuyentes del IRPF que se ahorrarán unos 6.000 millones de euros. Se abonará mediante una rebaja en las retenciones de la nómina de junio de 200 euros, y los 200 restantes, repartidos en las pagas que restan hasta final de año.

El descuento sólo se aplicará hasta la cantidad retenida por Hacienda. Por ejemplo, si alguien sólo tiene 150 euros de retención al año, se quedará en esta cifra este año y no alcanzará los 400 euros. El resto, hasta los 400 euros, lo podrá deducir en la cuota del IRPF cuando haga la declaración al año siguiente, pero sólo si le sale a pagar al menos 400 euros.
La razón es que se trata de una medida que compensa a quienes hacen el esfuerzo fiscal de pagar el IRPF. A ellos Hacienda les devuelve parte del superávit que han contribuido a generar. Pero quienes no pagan el IRPF, porque no llegan a los mínimos exigidos para contribuir, no tienen opción a ese descuento.


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Por Juan Francisco González Tejada

Nos siguen tomando por tontos, ante la situación actual de crisis que algunos ya vaticinábamos sin conocimientos especializados de economía. Tenemos un gobierno que ha hecho ejercicios malabares con el lenguaje, como si su misión no fuera la del gobierno de una nación, y se nos han presentado ante la pantalla de nuestras televisiones como si nos fueran a contar un chiste, como si su misión fuera entretenernos con todos y cada uno de los sinónimos del termino crisis, y si no teníamos poco con los juegos del lenguaje, también han jugado con las matemáticas, que si creceremos el 3, el 2, el 1%, no aceptando lo evidente hasta que la realidad se les viene encima como un edificio en ruina.

 

 

 

 

 

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Por Eduardo López Pascual

El hombre había nacido para la ciudad en un momento donde no era posible el acuerdo y la concordia; las mismas calles en las que transcurrieron sus años de ilusión y trabajo, aparecían vacías del gesto alegre, de colores sin primaveras y caminos hacia la tarea que trajera el pan de cada día; el hombre se sintió tremendamente triste asomado a la ventana de su tiempo, como adusta era su cara ante los niños huérfanos de libros y escuela, de gentes huyendo a lugares más seguros y pueblos sin violencia. Después de una vida de testigo por el mundo injusto que le acompañó desde el principio, luego de tantos años esperando el momento esperado para la buena aventura y otro futuro, había decidido bajarse al moro, en el decir ordinario, a esas calles donde residía el desamor y la tragedia se eternizaba

 

 

 

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Por Emilio Gutiérrez

Esta columna – El Pulso Nacional- hacía ya más de quince años que no la escribía; desde tiempos de Felipe González, que ya es. Se publicaba en El Faro del Guadarrama y lo primero que tengo que decir es que D. Manuel Ortega, su Director, jamás me quitó una coma a pesar de las cosas que entonces escribía en contra de aquel socialismo. Manuel Ortega era socialista, o eso creo yo, y ya tiene mérito lo que me publicó. Ni en los peores momentos de las políticas de derechas o de izquierdas he pensado en volver a escribir esta columna. Hace años que he vuelto a mis orígenes, allá por los años sesenta -¡del siglo pasado!- y, salvo algunas narraciones breves, solo escribo poesía y, siempre, una novela inacabada.

Todo estos, ya lo sé, son como memorias y justificaciones que a casi nadie importan pero que es necesario que yo, al mirarme mañana al espejo, sepa que las he dicho. Y, una vez justificado conmigo mismo, vamos al grano.

Y el grano es de esos que algunos adolescentes tienen en la cara: se lo revientas, te llenas de pus, te manchas y, además, salen –como de la nada- otros granos. Estoy escribiendo este Pulso Nacional el dieciséis de septiembre del dos mil ocho y, claro está, no puedo saber lo que va a ocurrir el diecisiete, el dieciocho, o más días después, pero esto no es una crisis económica o una recesión: esto tiene toda la pinta de ser más grave que lo del veintinueve. El dinero no es, nunca puede ser, infinito, además, es cobarde como todo el mundo sabe y se están empezando a tapar agujeros muy grandes pero ¿y los agujeros que tienen que llegar? Porque esto es una bola de nieve que va arrastrando a más nieve por el camino. Lo que está ocurriendo económicamente no ha hecho más que empezar, aunque ahora se esté intentando poner parches a las ruedas para que sigan aguantando la marcha y, si es posible, la velocidad.

Esto solo es una de las consecuencias de las políticas liberales: casi nadie sabe cómo se permitió que empezara, luego el agua se escapa del caldero por la enorme cantidad de agujeros que tiene y, al final, los ahorros del pueblo se han ido al garete y solo unos cuantos se han lucrado.

¿Con la nacionalización de la Banca –algo de lo que FA lleva hablando desde siempre- hubiera podido ocurrir esto? ¿De qué sirve que los Bancos Centrales inyecten dinero si  no es para tapar algún agujero?. Y lo que va a venir detrás, ¿quién lo tapa? ¿Más dinero? ¿De dónde? ¿Inflación a tope? ¿Billetes de un millón de dólares? ¿Qué está pasando? La respuesta es muy sencilla: liberalismo incontrolado.

Ya continuaré porque hoy me estoy enfadando. Para terminar hay que decir que, después de la Banca, vienen los Seguros, ¿entendido? Solo nos van a quedar, a este paso, productivamente hablando, las auténticas empresas y la tierra. Y, estas dos, deben ser solo para los que la trabajan.

Por Juan Francisco González Tejada

Para salir de estos tiempos de crisis es preciso analizar todos y cada uno de los factores que nos han llevado a este estado de cosas. Hoy queremos centrarnos en la problemática  social que se plantea por la situación socio-económica de un colectivo de trabajadores, a los que podríamos llamar los "desclasados" del siglo XXI porque no son obreros ni quedan bajo el ámbito del Estatuto de los trabajadores, por lo que su problemática no se puede amparar en el ámbito sindical ni en el empresarial, a pesar de acaparar las funciones de propiedad, organización y trabajo de sus propias empresas.

Algunos datos descriptivos de sus condiciones de trabajo son:

54,7 horas de trabajo promedio a la semana
17 días promedio de vacaciones al año
1,2 días de descanso promedio semanal

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