Por Miguel Hedilla de Rojas

Aparte de con indiferencia, hay dos maneras de recordar el pasado: con rencor o sin el. En el 70 aniversario de la Unificación, yo me inclino por la segunda, lo que de ninguna manera significa con mentiras.

La unificación forzosa, decretada por Franco en abril de 1937, de Falange y el Requeté, fue el fin de Falange Española de las JONS como organización política independiente. Lo que surgió a consecuencia de la unificación, primero FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las JONS), y después el Movimiento Nacional, ya no era lo mismo, aunque aparentemente lo pareciese.

De entrada, su jefatura se la quedó Franco, y se integró en el híbrido, no solo a los carlistas, sino también a otras organizaciones como Renovación Española o la mismísima CEDA. Doctrinalmente, sobre todo a nivel teórico, predominó lo falangista, pero es indudable la presencia e influencia, que luego los hechos avalaron, del rancio derechismo español. De los Mariano Rajoy de la época que, a fuerza de liberales, se hicieron, para defender sus intereses, temporalmente fascistas.

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El 19 de abril de 1937, hace 70 años, el General Franco dictaba el tristemente célebre Decreto de Unificación, que suponía la abolición de todos los partidos, entre ellos la Falange, en la zona llamada nacional, para crear un partido único, que primero se denominaría Falange Española Tradicionalista y de las JONS y luego Movimiento Nacional, y del que el incipiente dictador se autoproclamó Jefe Nacional. Desaparecía así de la legalidad la Falange originaria.

Pero hubo un hombre, precisamente el Jefe Nacional de Falange elegido democráticamente, Manuel Hedilla Larrey, que supo decir NO. Hedilla no aceptó la unificación impuesta ni el cargo que se le ofrecía en lo que sería el aparato formal del nuevo régimen. Esto le costó primero la condena a muerte, que fue después conmutada, y luego años de prisión y de ostracismo. Comenzaban cuatro décadas de fraude, en la que los símbolos falangistas fuieron prostituidos como ornamento de una dictadura conservadora que no llevó a la práctica la propuesta transformadora que el pensamiento joseantoniano representaba. Pero Hedilla se convirtió, a partir de entonces, en el símbolo del falangismo auténtico frente a la apropiación ultraderechista, con un gesto de coherencia y de dignidad del que nos sentimos herederos.

En este 70º aniversario, recogemos en nuestra web algunas colaboraciones en torno a una efeméride que es, sin duda, el recuerdo de una infamia, pero también el punto de partida de una larga resistencia frente a la falsificación.

Por Enrique Antigüedad Sánchez

¿Hubiera llegada a existir Falange Autentica si en aquel abril de 1937, mientras los españoles se mataban los unos a los otros, Manuel Hedilla no hubiera mostrado el gran gesto de dignidad que supuso su oposición al Decreto de Unificación? ¿Hubiera existido una tendencia falangista, contraria al régimen que surgió de esa unificación, el régimen de Franco, sin la actitud fuertemente independiente que encabezó y por la que fue condenado, el que era líder de Falange Española de las JONS en aquellos días turbulentos?

Sinceramente, creo que no. La ideología falangista, tan rica en matices revolucionarios y en verdaderas ansias de reconciliación nacional, fue representada certeramente por Manuel Hedilla y, sin él, es muy probable que la muerte de José Antonio y el resto de lideres naturales de Falange hubiera supuesto la verdadera muerte de la interpretación que consideramos como única valida del esquema ideológico falangista. La labor de manipulación de los años siguientes y el abandono de tantos falangistas de sus pretensiones originales para adaptarse a la realidad del Movimiento Nacional, hubiera podido ser completa en caso de no haber encendido Hedilla la llama de la rebeldía y de la autenticidad, y es probable que ninguno de los que hoy formamos parte de Falange Auténtica nos hubiéramos nunca sentido atraídos ni por esta, ni por ninguna otra falange.

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Por Pedro Conde

"Me cago en la Unificación, esto lo dice en sus Memorias Tomás Domínguez Arévalo, conde de Rodezno y Ministro de Justicia que fue en gobiernos del General Franco. Sin embargo, no dudó en defender en los orígenes esa unificación, provocando la división entre los carlistas navarros y su organización nacional, a cuyo frente estaba Fal Conde.

Éste fue el gran dilema: ¿unidos para ganar la guerra o separados por las ideas políticas con la posibilidad de perderla? Sin duda, la unidad es siempre una virtud difícil; porque unir partes heterogéneas, incluso opuestas, como monárquicos con antimonárquicos falangistas, como ejemplo del caso, para lograr un objetivo común es empresa de virtuosos. Enfrente, en el bando republicano tenían la muestra anárquica de lo que no debía ser. Pero "¿cómo estar y ser, uncir, unirnos nosotros, los de este bando?, se decían los nacionales. Unificar o unir, he ahí ese dilema de la eterna metafísica de España. Unir por voluntades o unificar por decreto. Lo primero parece la utopía de España; lo segundo, la solución drástica de siempre.

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Por Bárbara

 

Artículo 2 de la Constitución: "La constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible....

 

Artículo 138: "El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español. Las diferencias entre los estatutos de las distintas Comunidades autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios

económicos o sociales.

 

Se acercan nuevamente elecciones municipales y autonómicas y una (o uno, habrá que decir en el caso, teniendo en cuenta la nueva moda imperante, llevada hasta el sarcasmo, en cuanto a la utilización del género en nuestro idioma, que no es sino un síntoma más de la banalidad y trivialidad en que está inmersa nuestra sociedad, abducida por una clase política tan depravada como falaz, donde el interés y defensa de la denominada res pública, ha dejado de ser su encomienda obligacional) piensa que la cita electoral pone de manifiesto una vez más la desidia e indolencia, de la defensa a ultranza de lo verdaderamente trascendental: el interés común de la nación y de todos los españoles con los ambages que ello conlleva.

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