Privatizaciones, mentiras y traiciones

Nos han vendido a las privatizaciones del sector público como el medio más eficaz y barato para que el ciudadano disfrute de los servicios esenciales. Muchos argumentos están en contra esta falacia, defendida por gente tan moralmente desprestigiada como los tarjetas black Iranzo y Recarte

Por Mendelevio

Los neo-con nos han vendido a las privatizaciones del sector público como el medio más eficaz y barato para que el ciudadano disfrute de los servicios esenciales. Muchos argumentos están en contra esta falacia, defendida por gente tan moralmente desprestigiada como los tarjetas black Iranzo y Recarte.

Diversos autos judiciales[1] cuestionaron la pertinencia de la privatización de la sanidad madrileña. Aunque el Tribunal Constitucional finalmente la autorizaba, la imputación de los ex consejeros de sanidad[2] Güemes y Lamela la dejan totalmente tocada. “Ambos, después en el ámbito privado, se habrían beneficiado de la externalización”[3], es aquí es donde vemos las verdaderas razones de este modelo de gestión.

La privatización de la educación también ha dejado su tufillo dentro de la operación púnica[4]. “Granados cobraba 900.000 euros por cada colegio concertado adjudicado”[5]. Además la eficiencia económica del modelo queda en entredicho con los subterfugios que usan algunos colegios concertados para sacar dinero a los padres[6].

Cuando llegamos a la privatización de los servicios públicos como Aeropuertos, puertos o aguas encontramos contradicciones más groseras. Si la competencia es que hace a las empresas privadas ser más eficaces ¿qué sentido tiene esto en monopolios naturales? En muchos casos lo que se vende son gallinas de los huevos de oro. Todo el mundo usa el agua del grifo, y todos los aviones de Madrid y Barcelona tienen que pasar por Barajas y el Prat. Se venden mercados cautivos. El negocio es para los compradores, no para la sociedad. España ya ha vivido antes este cortoplacismo, en los tiempos en los que los reyes arrendaban el cobro de impuestos o estancos como el de la sal, obtenían ingresos a corto, pero pérdidas de ingresos a perpetuidad.

Estamos viviendo la imposición de autoridades externas, no preocupadas en la economía y la viabilidad del estado español. Lo sufrieron los dominicanos entre 1924 y 1940 los Estados Unidos controlaron sus ingresos aduaneros[7], o las exigencias de privatizaciones de la troika al gobierno griego[8]. Está claro que esta pérdida de control de los Estados por sectores de su economía no se hace para mejorar la gestión, sino para garantizar a alguien unos ingresos seguros. La privatización de AENA[9] no entra de la lógica de la eficiencia económica, sino de garantizar unas rentas perpetuas a unos particulares a costa de la sociedad. Una traición al pueblo español.




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