El torpe inicio de la desconexión británica de la Unión Europea, tras el resultado del referéndum sobre el llamado "Brexit", ha desencadenado en el Reino Unido una oleada de bravatas, insultos y amenazas contra España, cuya posición los británicos consideran reforzada en una posible negociación futura sobre la relación de la colonia con la UE, habida cuenta que nuestro País podría, como miembro del club comunitario, vetar cualquier clausula contraria a sus intereses. Todo ello alimentado por la escasa pericia diplomática del Gobierno de Theresa May, el tradicional odio inglés hacia España y la histriónica actitud del bufón gibraltareño, Fabián Picardo.

Según Roberto Saviano, periodista y escritor italiano especialista en la mafia, cuyo trabajo motiva que viva bajo protección, el Reino Unido sea quizás el país más corrupto del mundo. No porque lo fuesen sus políticos, policías o funcionarios, sino porque la red de paraísos fiscales británicos, entre los que se encuentra Gibraltar, constituyen la lavadora y puerta de entrada a Europa, a través de la City londinense, de todo el dinero procedente de las grandes redes delincuenciales del mundo. Capitales sucios que surgen de la corrupción, el crimen, la extorsión y por tanto el sufrimiento de muchos millones de personas, sobre los que el sistema financiero inglés tiene montado un gran negocio desde hace mucho tiempo.

Siempre hemos defendido una política de firmeza, frente a la anacrónica presencia de una colonia en suelo español por parte de un país a quien nuestros sucesivos gobiernos han considerado aliado sin serlo, ya que no se comporta como tal y a los hechos nos remitimos. Pero es en este momento cuando creemos que España debería poner en su sitio a los ingleses, tomando las medidas oportunas para que, si Gibraltar va a seguir formando parte del Reino Unido, sean los británicos quienes corran con la carga de mantener a los llanitos y no nosotros.

Además de ser un anacronismo, propiciado por un país decadente con mentalidad anacrónica, Gibraltar es un parásito cuyo interés por tener una relación especial con la UE tras el Brexit, no se debe a su europeísmo sino a seguir siendo una rémora de España, de la cual se aprovecha para mantener su alto nivel de vida. El cierre de la frontera a unos tipos que, lejos de estarle agradecidos a nuestro País, lo odian y menosprecian, es un paso importante para ponerlos en su sitio, afirmar nuestra soberanía y comportarnos con dignidad. Negarles cualquier tipo de suministro, no reconocer los documentos, públicos o privados, allí expedidos y prohibir el acceso a nuestro territorio a cualquier nave, vehículo o aeronave con destino o procedentes de la Roca, propiciarán que estos energúmenos queden aislados, al menos de la España a la que tanto odian.

Desarrollar políticas activas para atraer inversiones y desarrollar económicamente la comarca gaditana del Campo de Gibraltar, incluso fomentando la competencia con los sectores de negocios lícitos de la colonia, han de ser partes necesarias de la estrategia española para cerrar el chiringuito a los hijos de la Gran Bretaña.

Pese a su verborrea belicista, más propia de hooligans borrachos en los pubs ingleses que de los otrora brillantes funcionarios del Foreign Office, la cosa no pasará de ahí con un país con el que también compartimos intereses. Pero nos tememos que quienes más interesados estén en que la actual situación se mantenga, sean los corruptos y defraudadores que, a este lado de la verja y muchos de ellos enquistados en la política, disponen de un paraíso fiscal a la puerta de casa…

Antonio Pérez Bencomo
Secretario General de <fa>


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