En el oleaje mediático de la actual crisis cada día suena más un concepto: flexiseguridad. Este "caramelo anticrisis" estará pronto en la gran zona del consenso y será admitido por casi todos como la mejor receta: el PP, el PSOE, y también UPyD.

La flexiseguridad consiste en garantizar al empresario una casi total libertad para despedir. A los trabajadores, a cambio, se les promete una amplia cobertura social y más formación en los tiempos de desempleo.

 

 

De llevarse a cabo, con este sistema la movilidad laboral se multiplicará exponencialmente, practicamente ningún trabajador asalariado del sector privado superará  los diez años de permanencia  en una empresa.

La flexiseguridad será el nuevo Bálsamo de Fierabrás para tiempos de crisis, y nos iremos alejando cada día un poco más del auténtico camino de la salvación, lo que en el ámbito laboral equivale al viejo sueño sindical y humanista de ligar al hombre, al trabajador, a su empresa, de cual forma parte y la cual le pertenece como proyección de su trabajo.  En  definitiva, ligar al hombre a su destino, en este caso a su destino más inmediato, la empresa, de manera que la suerte (buena o mala) de la empresa sea la suerte de los que trabajan en ella con sus manos y/o con su inteligencia. Responsabilizar a los trabajadores en el proyecto laboral del cual forman parte y no convertirlos en saltimbanquis de usar y tirar: ese será a la larga el único remedio, más allá de "parches flexiseguros.

LITIO

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