La firma en Paraguay del Tratado de libre comercio entre el Mercado Común del Sur, MERCOSUR, y la Unión Europea que llevaba décadas negociándose, tiene en el lado europeo unos ganadores y unos claros perdedores.
En el grupo de los ganadores se encuentra la Comisión Europea, con su presidente Úrsula Von del Layen a la cabeza, que consiguen apuntarse una baza geopolítica para ellos necesaria en unos tiempos convulsos en los que Occidente no para de sentir los sobresaltos del inquilino de la Casa Blanca, que ha decidido ejercer su liderazgo a base de soberbia, amenazas, políticas de hechos consumados y poner permanentemente un espejo a los europeos para mostrarles su enanismo político y geoestratégico, que les muestra en lo que se han convertido pese a su arrogancia histórica, incapaces hasta de frenar por si mismos una guerra que ya dura demasiado en el propio territorio del Viejo continente.
También gana la principal potencia industrial de este lado del Atlántico, Alemania, que espera que se le abra un nuevo y mayor mercado, con menos restricciones comerciales y millones de potenciales clientes.
El principal perdedor, sin duda, es el Sector primario europeo, especialmente el de los países mediterráneos, que sufrirán cuando el propio mercado interior de la UE se llene de productos competidores, más baratos y por tanto atractivos para los cada vez más depauperados consumidores europeos, producidos bajo reglas diferentes y más ventajosas que las exigidas a los productores de aquí.
Falange Auténtica no se opone por sistema a los acuerdos internacionales firmados por España o por la UE, mientras beneficien de manera equitativa a quienes los contraten. Y más en el caso de MERCOSUR, porque siempre hemos abogado por profundizar en las relaciones políticas, geoestratégicas, culturales, académicas, científicas y, por supuesto, también comerciales con las naciones de Hispanoamérica, y lo hacemos porque la construcción de vínculos en la Hispanidad es uno de los pilares de nuestro ideario. Pero eso no puede hacerse a base de sacrificar a los de siempre, en beneficio de quienes no pierden nada sino al contrario con ese tipo de tratados desiguales.
El Sector primario español y europeo están sujetos a una cada vez más estricta legislación en materia sanitaria, de protección ambiental, bienestar animal y de derechos laborales que debería facilitar la justicia social, la seguridad alimentaria de los consumidores y el cuidado del medio ambiente, y redundar por tanto en beneficio de todos. Esto sería así si no fuera por el exceso de regulación y burocracia, el aumento de la presión fiscal y la minoración de las ayudas al campo contenidas en la Política Agraria Común (PAC), que en este ejercicio económico se verá reducida en 90.000 millones de euros.
Si a todo ello añadimos la competencia desigual de alimentos procedentes de verdaderas potencias agrícolas, ganaderas y pesqueras, producidos sin las rigurosas normas que la UE exige a los productos de aquí, el resultado no es difícil de adivinar.
Cuando los países pierden la soberanía alimentaria, es decir su capacidad para autoabastecerse de comida, aumenta la dependencia del exterior para ello y merma así su potencial para afirmar su fuerza geoestratégica. Nuestro campo exige medidas razonables como pedir clausulas espejo a todos los productos agrarios que se vendan en el mercado interior europeo, que consisten en exigir los mismos requisitos fitosanitarios, de trazabilidad, gestión de residuos, laborales y protección ambiental que los que la estricta legislación de la UE exige a los producidos aquí.
La decisión del Parlamento Europeo de suspender la aplicación del Tratado hasta que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se pronuncie sobre la legalidad del mismo, puede ser ninguneada por la Comisión presidida Von der Layen, potestad que vuelve a mostrar la escasa calidad democrática de las instituciones comunitarias. Nosotros continuaremos con nuestra posición histórica de defender la recuperación de la Soberanía nacional de España, para que nuestro país no dependa de instituciones supranacionales a la hora de adoptar decisiones estratégicas y críticas, de las que dependen el bienestar y la seguridad de los españoles. Por todo ello, creemos firmemente que en la actual coyuntura defender al Sector Primario español y a quienes en él trabajan, es defender a España y la continuidad de la viabilidad laboral y económica de miles de compatriotas, la prosperidad de las comarcas agrarias y el acervo cultural y tradicional de nuestro país, del que son fieles custodios. Y en esa lucha seguiremos.
LA ESPAÑA RURAL, ORGULLO NACIONAL.
Ejecutiva Nacional de Falange Auténtica
