El 3 de septiembre Falange Auténtica estuvo presente en las concentraciones convocadas en toda España en apoyo a Ceuta. No fue un gesto simbólico ni una foto de ocasión: se trataba de estar junto a unos compatriotas a los que el Gobierno ha dejado vendidos y de afirmar, sin ambajes, que la unidad nacional no se negocia cuando un Estado extranjero la pone a prueba.

En Alicante, nuestros militantes se sumaron a una movilización de más de 18.000 personas. Allí se recordó lo evidente, aquello que Moncloa se resiste a sostener con hechos: Ceuta y Melilla son España y, ante una agresión marroquí, se defienden. La misma firmeza se vivió en Madrid, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla, Las Palmas de Gran Canaria y Ciudad Real. Había banderas, rabia contenida y una certeza compartida: abandonar una ciudad española es abrir la puerta al abandono de todo el país.

Esa misma exigencia resonó en municipios que no abren telediarios, pero que importan exactamente igual. En Guareña, Don Benito, Alfaro, Segorbe... estuvimos donde correspondía: junto a vecinos que no necesitan un gabinete de comunicación para comprender que Ceuta nos afecta a todos. La españolidad de una tierra no se mide por su tamaño ni por su distancia a la Península; depende de la voluntad firme de defenderla.

El sentido de aquella jornada fue claro: resistir juntos es hoy lo prioritario. Las víctimas de esta crisis no son quienes irrumpieron violentamente en la ciudad, sino los ceutíes, que han visto alterada su vida cotidiana mientras el Ejecutivo se limitaba a hablar de gestión y a mirar hacia Rabat. Por eso no acudimos a pedir un tibio gesto diplomático, sino a exigir fronteras seguras, lealtad institucional y un Estado que no convierta la soberanía nacional en moneda de cambio.

A quienes gobernáis: Ceuta y Melilla son España. Quien las deja caer no está gestionando una crisis; está traicionando a la Nación.