Actualidad

Conoce la actualidad de Falange Auténtica

Un año más…

Al placer de abrazar viejos camaradas se une el de hacerlo a los nuevos compañeros que se han ido uniendo a lo largo del último año y que, tras estos días de trabajo, marchan del albergue con el mismo compromiso común, formando parte de nuestra pequeña gran familia.

Un abrazo que sella el trabajo que se ha ido llevando a cabo a través de nuestras redes sociales, actos culturales y mensajes políticos.

En sintonía con el implacable devenir de lo nuevo, Falange Auténtica, ha trabajado en varias ponencias para actualizar y poner en valor nuestro mayor legado, el Nacional Sindicalismo.

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¡Jamás! dijo el general Prim, presidente del Consejo de Ministros hace más de un siglo y unos días después era asesinado, degollado en su casa, tras salir vivo, aunque en pésimas condiciones, de la pólvora disparada a quemarropa, cuando se dirigía a su domicilio por uno de los tres itinerarios posibles. En los tres había anarquistas a sueldo esperándole y, a pesar de haber recibido amenazas de muerte, el responsable de su seguridad, el regente Serrano, no tuvo la acertada idea de custodiar las señaladas calles con algún que otro policía. Decir que los anarquistas "pasaban por alli".

Unos años después, a finales del siglo XX, otro ministro de la Gobernación, Arias Navarro, -convertido en presidente tras el rotundo fracaso de su gestión, proteger al presidente, actuaba de igual forma en otro magnicidio; el turno del presidente Carrero Blanco.

La memoria de Prim ha tenido que esperar 140 para que una investigación exhaustiva, recogida en el libro “Matar a Prim”, le haga justicia. El viejo liberal puede ya descansar en paz, debido a que su momia, y cientos de papeles olvidados por historiadores de una y otra época, y de todos los colores, a gusto del consumidor político del momento, han dado con los hechos y las huellas que, por suerte, deja tras su paso la verdad.

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Se cumplen 82 años del inicio de la última Guerra civil española, como resultado que fue de un periodo convulso en el que las circunstancias políticas, económicas y sociales no permitieron que se consolidara una II República parlamentaria y democrática, que fue una caricatura de ese régimen idílico que los promotores de la posverdad nos quieren hacer ver… e imponer.

No vamos a entrar en el análisis de quiénes fueron los culpables, o los más culpables, de que la situación caótica que afectaba a España desembocara en un conflicto armado, ante la incapacidad de los operadores políticos de entonces para dirimir sus diferencias en el marco institucional. Nosotros consideramos que toda guerra es una tragedia, y más una guerra entre hermanos que terminó por marcar no sólo a la generación afectada por el conflicto sino a las que la sucedieron, con secuelas de odio, resentimiento, hambre, represión e imposición que se grabaron a fuego en la piel de nuestro país.

Creemos que el esfuerzo de superación de un avatar histórico de ese calado, exige grandes dosis de generosidad, capacidad para perdonar, humildad, tolerancia, patriotismo y visión de futuro. Fomentando odios y esgrimiendo agravios del pasado, no se avanza ni se construye el porvenir porque cuando se quiere simplificar un fenómeno histórico de esa magnitud, reduciéndolo a una historieta de buenos y malos con el fin de usarlo políticamente en el presente para zaherir a los rivales políticos, se está cometiendo una barbaridad propia de mentes totalitarias que pone en peligro la estabilidad institucional y la paz social de España y, como consecuencia de ello, el bienestar de los españoles.

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El proceso de primarias abierto en al Partido Popular para elegir a su nuevo líder, ha puesto de manifiesto una realidad que, aunque sospechada, no se había reflejado en la política española de una manera tan clara.

Y es que tras pasarse años presumiendo de ser uno de los partidos con más afiliados de Europa, llegaron a decir que más de ochocientos mil, los inscritos para participar en un proceso que se presume trascendente para el futuro inmediato de los populares, como es la renovación de su liderazgo, apenas han sido sesenta mil personas, una cantidad muy pobre para lo que se juegan. Tan escasa participación no se debería fundamentar en la habitual apatía política de los españoles, ya que si alguien se afilia a un partido será porque comulga con su ideario y está dispuesto a colaborar para su difusión y anclaje social.

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