Por Flecha y Catus

No cabe duda de que algo está cambiando en Iberoamérica pues, elección tras elección, las opciones que enarbolan unidas la bandera del patriotismo -frente al sometimiento al imperialismo- y la bandera de lo social -frente a los planteamientos económicos neoliberales- ganan posiciones, un fenómeno que no podemos dejar de mirar cuando menos con interés y, en muchos casos, con abierta simpatía.

 

Se trata de opciones políticas alejadas de los clásicos partidos marxistas: frente al partido único defienden la democracia y el pluripartidismo, frente a la economía totalmente estatalizada plantean modelos de economía mixta o de economía social, frente al materialismo reivindican el espíritu, y frente al sometimiento a alguna Internacional reivindican la independencia de los pueblos, sin perjuicio de la solidaridad y de una mayor integración continental. Tampoco son fenómenos equiparables a una socialdemocracia clásica. Ciertamente, en algunos países se encuentran coincidencias, pero en otros muchos la nueva izquierda iberoamericana está cuestionando abiertamente los esquemas y modelos liberalcapitalistas y buscando caminos propios, algo que en ningún caso hace nuestra izquierda doméstica de Europa.

Uno de los últimos procesos electorales, el de Ecuador, ha deparado la victoria, con amplia ventaja, de Rafael Correa (Alianza País), que competía con el magnate Álvaro Noboa (del derechista PRIAN).

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Por Carlos Javier Galán

Las elecciones presidenciales celebradas en Nicaragua han deparado la victoria del candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Daniel Ortega Saavedra, quien ya fuera presidente del país y que regresa así al poder dieciséis años después. Es una oportunidad única y, por eso, conviene tener presente el contexto en el que se produce y los antecedentes históricos de la misma.

 

Tras una larga lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza, los sandinistas alcanzan el poder en 1979, en un día histórico y esperanzador para el pueblo nicaragüense. Acompañando físicamente a la guerrilla popular en su entrada en Managua, estuvieron algunos de nuestros compañeros del peronismo montonero.

Se pone en marcha así la que, en mi particular opinión, constituye una de las más hermosas revoluciones del siglo XX, que enarboló la bandera rojinegra del patriotismo y la justicia social.

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Por Selenio

Hace años en Madrid, antes de que pudiesen regresar a su país, conocí a varios militantes del peronismo montonero, con los que trabamos entrañable amistad. Representaban a una generación que se sacrificó en la lucha por la libertad y la justicia social y que, lejos de recibir el reconocimiento indiscutido de sus compatriotas, se enfrentaban con una nefasta teoría de los dos demonios que equiparaba la represión de la tiranía con la resistencia armada popular. Todos estos compañeros caminaban con cicatrices en su alma, con ese Recuerdo de la Muerte que retratara Miguel Bonasso.

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Por Tacho

Querido amigo, has vuelto ganar. Tú, que has demostrado ser más pragmático que romántico y que has sabido bailar entre las dos aguas del progreso social "sostenible y las recetas no siempre demasiado eficaces del Fondo Monetario Internacional, es obvio que has elegido un camino posibilista, en lugar de avanzar por la senda revolucionaria que muchos en Brasil y fuera de Brasil temían y otros tantos ansiaban.

 

Creo que no me equivoco si te reconozco que los falangistas democráticos nos alegramos de tu triunfo. No eres, tal vez, todo lo revolucionario que esperábamos cuando hace cuatro años saludábamos tu ascenso al poder como un logro genuino de los trabajadores, deseosos de superar el marxismo que ya no profesabas y acercar sus posiciones al sindicalismo que tú y nosotros tanto defendemos. Pero, a cambio, pareces haber sido capaz de poner al Brasil en la senda de una clara recuperación económica, donde las cosas, por una vez, no se hacen a costa de los más pobres sino esforzándose por que sean éstos los que más se beneficien de los frutos de la buena marcha económica del país.

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Por Cobalto

El frágil rompecabezas de la República de Bolivia está a punto de saltar, incapaz de superar el anquilosado edificio institucional y la pobreza que en ese país es endémica. Con poco más de 8 millones de habitantes, de los que el 60% sobreviven en la pobreza (ésta llega hasta el 80% en las zonas rurales del Altiplano), con una tasa escandalosa de analfabetismo y mortalidad infantil, Bolivia es la nación más pobre de Sudamérica. Su población es mayoritariamente indígena, siendo predominantes los aymarás, quechuas y guaranís, que conviven desigualmente en cuanto a detentar el poder económico, con mestizos y blancos.

Por desgracia, la situación de Bolivia refleja un estado de cosas que se repite en otras naciones de Iberoamérica. Al tradicional atraso y exclusión de más de las tres cuartas partes de la población, desde el momento casi del nacimiento de la República, se ha añadido la puesta en práctica reciente de políticas neoliberales que, si bien han mejorado las cifras macroeconómicas, también contribuyeron a aumenter la exclusión social y la zanja entre la mayoría pobre y las minorías ricas, craendo una enorme frustración social que ha dado lugar a esta situación explosiva.

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