Joaquín Leguina en Intereconomía, 17-12-2009

La propuesta de Gordon Brown y Nicolas Sarkozy que pretende gravar fiscalmente los desorbitados ingresos de los ejecutivos bancarios no ha tenido eco en el presidente español, quien presidirá la UE durante el próximo semestre. ZP también ha hecho oídos sordos a estos y otros líderes en su propuesta de crear una especie de tasa Tobin que gravaría las transacciones financieras internacionales de carácter especulativo. Es más, por estos lares nadie parece interesado en ayudar de algún modo al escalonamiento del pago de las hipotecas o en eliminar el "suelo que ahora rige en la aplicación de los tipos de interés hipotecario. Por no tocar a los bancos, ni siquiera está en la agenda del gobernador del Banco de España la limitación de las comisiones abusivas que cobran los bancos a sus clientes por una transferencia o por sacar en la calle dinero de un cajero automático. No creo que haya (como algún periodista, antaño aplaudidor y de hogaño crítico con ZP, ha escrito) un pacto "secreto entre los grandes de la banca y José Luis Rodríguez Zapatero, pero sería bienvenida alguna medida para poner coto a la natura desbocada de los bancos y entidades financieras.

 


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por Jose Carlos Llop en funcionariosblog.blogspot.com

No sé qué banco, ni quiero saberlo, ha propuesto que el gobierno baje el sueldo de los funcionarios hasta el índice que tenían en el año 2001. Me parece estupendo. Es más: considero que el banco en cuestión se ha quedado corto. Que ha sido demasiado generoso, vamos. Yo, de paso, les aumentaría las horas de trabajo –creo que doce al día es un buen número– y suprimiría las pagas extraordinarias. Total no van a tener tiempo para gastarlas. Porque de las vacaciones pagadas hay que empezar a despedirse. Rapidito. Es necesario regresar a la época en que no había vacaciones anuales, no sé en qué estarían pensando esos banqueros. Esto, para empezar. Porque después convendría ir tomando otras medidas. Por ejemplo uniformarlos. Si les ponemos un bonito traje a rayas, los tendremos controlados a todas horas. Y si se les ocurre salir a la calle en horario de trabajo, los corremos a gorrazos y los devolvemos a su mesa. Si en el empeño se le va a alguien la mano y hay una nariz rota, pérdida de un ojo, incluso, que sé yo, un muerto, tampoco hay que escandalizarse: sólo son funcionarios. Y todo esto –piénsenlo bien– aliviaría mucho las tensiones que produce la crisis económica. El funcionario es un servidor público y como tal ha de servir para algo. De putching-ball no está mal: al menos, rinde.

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