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Artículos con los que estamos de acuerdo

Roberto Centeno, catedrático de Economía U.P.M., en El Mundo, 08.12.06:

"EL MITO DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Hace sólo unos días –y como es habitual ante unas buenas cifras de crecimiento, empleo e inflación en términos absolutos, el presidente Zapatero realizó un análisis totalmente triunfalista, llegando a afirmar que la economía española marcha mejor que nunca (...)

La economía no sólo no va bien, sino que va regular, mal o muy mal para un 74 % de los españoles, tal como se pone de manifiesto en la última encuesta del CIS.

Como se enseña en primer curso de Economía, las cifras macroeconómicas absolutas carecen, por sí mismas, de significado económico definido (...). Y como se demuestra en teoría económica elemental, el empleo puede crearse bien incrementando la productividad –caso de Irlanda y muchos otros- o bien reduciendo el salario real caso de España- (...).

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J. Félix Machuca en ABC, 20.02.07:

"AIRE, AGUA Y JABÓN

(...) Fue ensordecedor. Sólo un treinta y seis por ciento de los andaluces llamados a votar para reformar el Estatuto cogieron su papeleta y lo hicieron. El resto se perdió. No acudió a la cita. Invirtió el día en sacarle jugo a la chispa de la vida soleada de un domingo de carnaval y en interpretar la mayor pitada política que en esta comunidad se recuerda. Una pitada en forma de abstención. Una pitada en forma de eso no va conmigo. Una pitada que venía a decir que allá los políticos con sus cosas. Pero yo (el sesenta y cuatro por ciento de los andaluces, siete de cada diez) no quiero que me toméis por bobo.

 

Y la pitada de la abstención, de la desmovilización electoral más absoluta que recuerda la historia de las consultas andaluzas se convirtió, con semejante respuesta, en la cefalea más inoportuna que vino a agriar un día que la mayoría de los políticos andaluces se lo prometieron hermoso, feliz, festivo y muy democrático. Pues bueno, sólo fue muy democrático. Porque la gente, ejerciendo el sagrado deber de la abstención cuando entiende que están jugando con ellos al abejorro del Estatuto, se quedó afanada en sus cosas y como tal cosa pasó, democráticamente, de sentirse un bobo útil. (...) Los andaluces le dijeron a los políticos del sí que, oye, compadre, muy bueno lo tuyo, pero ésa no es mi guerra. Ésa es tu guerra. La mía, como ciudadano, os interesa más bien poco. Así que a la tuya van a ir ustedes y luego me contáis que pasó.

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Ignacio Camacho en ABC, 11.04.07:

"EL BANCO DE LOS FAVORES

Si usted deja de pagar un crédito a su banco o caja de ahorros se puede dar por civilmente muerto: le embargarán la nómina o los bienes, o meterán su nombre en un registro de impagos, tipo RAI o Asnef, que le convertirá en un cadáver mercantil, en un zombie ambulante. Pero si el que se olvida de devolver el préstamo es un partido político, el problema pasa a ser de la entidad financiera, que tendrá que apuntar el fallido en una contabilidad oficialmente inexistente que Tom Wolfe llamaba "el banco de los favores", donde los números rojos se convierten en negros y a la inversa. El dinero se va a un limbo de vagas amortizaciones, hasta que vuelve con amplios intereses en forma de favor institucional: una línea de crédito con la Administración, un depósito de nómina de los funcionarios, un visto bueno discrecional a alguna operación financiera de relieve. Por si acaso algún banquero se considera a sí mismo demasiado profesional, las autonomías se han apoderado de las cúpulas de las cajas, en las que los virreyes territoriales colocan a militantes de confianza que actúan como si se sentasen en el Consejo de Gobierno. Esto lo hacen o han hecho todos sin distinción de ideologías, de Pujol a Ibarretxe, de Aguirre a Zaplana, pero tipos como Montilla o Chaves han alcanzado cotas de virtuosismo a la hora de hacerse el lonchas con las letras de un empréstito.

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Rosa Díez en ABC, 30.03.07:

"GENTE CORRIENTE

"Los verdaderamente malos son pocos; lo más peligroso es la gente corriente". Primo Levi.

Esta sentencia de Primo Levi podría haber sido escrita a la luz de lo que ocurre en el País Vasco. Pero él pensaba en los campos de exterminio nazis cuando hizo esa reflexión. Levi hablaba para estudiantes, en el transcurso del periplo universitario que organizó una vez concluido su libro "Si esto es un hombre". Respondía así a la pregunta de unos alumnos sobre la maldad. Levi describía con esas palabras la falta de piedad de los alemanes corrientes, esa inmensa mayoría que veía cómo desaparecían sus vecinos sin preguntarse qué había sido de ellos. Pensaba en la "gente de orden" que veía el humo de los crematorios y se limitaba a taparse la nariz. Pensaba en las "buenas gentes" que cruzaban de acera para no saludar a un judío con el que habían compartido celebraciones familiares unos días antes de que fueran señalados por los nazis como enemigos de la raza aria. Pensaba en todos aquellos que prohibieron a sus hijos jugar con los hijos de los "malditos judíos". Levi pensaba en la buena gente que, de repente, perdió hasta la piedad. Si Levi hubiera vivido en Euskadi y en nuestro tiempo podría haber hecho la misma afirmación refiriéndose a los nacionalistas. En el País Vasco no hay limpieza étnica porque resultaría imposible: estamos tan mezclados, es tan mestiza nuestra sociedad, que tendrían que matarse entre ellos. Por eso aquí se puso en marcha la limpieza ideológica. Somos tan "iguales" que tuvieron que empezar a matarnos para hacernos diferentes. Ahora ya somos diferentes. A los judíos los distinguían por su "estrella de David"; a nosotros, "los vascos diferentes", nos distinguen porque nunca vamos solos. Nosotros, "los vascos diferentes", somos los que tenemos la capacidad de movimiento restringida; ellos son los que disfrutan de todos los derechos que la Constitución española nos reconoce como ciudadanos. Nosotros, "los vascos diferentes", somos los que vivimos amenazados; ellos son los que viven en libertad.

 

Antonio Aguirre fue agredido por un genuino representante de la "gente corriente", de la "buena gente", de esa "gente de orden" que milita en el partido que gobierna Euskadi desde que hay democracia en España. Los dirigentes del PNV han exculpado inmediatamente al agresor: "perdió los papeles", "está apesadumbrado por la imagen del partido que ha dado, llevado por la tensión del momento", "se sintió acosado", "no quiere ensuciar el buen nombre del partido". Ni una sola palabra de disculpa hacia el agredido. El agredido es culpable; el agresor, una pobre víctima que "perdió los papeles". Buena gente.

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Francisco Sosa Wagner, catedrático de Derecho Administrativo y escritor, en El Mundo, 22.05.07:

"ELECCIÓN DE ALCALDES EN ALEMANIA: SUGERENTE EXPERIENCIA

Para juzgar la calidad de una democracia se impone examinar sus componentes más significativos y uno de ellos es, sin duda, la elección de los alcaldes. Pocos discuten que el sistema democrático español anda herido y dando tumbos, porque los partidos políticos lo degradan día a día con su afición a meterse donde les llaman y donde no; el problema radica en encontrar los correctivos y aparejar los remedios adecuados. Por eso pienso que conocer algunas experiencias extranjeras puede venir bien, quizás hasta aprendemos de ellas y algo aprovechará al cuerpo social.

 

En Alemania se está imponiendo, desde la última década del siglo XX, la elección directa de los alcaldes. Los Länder de Baden-Württemberg, Baviera y Hessen fueron los adelantados de una opción que, después, han seguido los demás territorios del país. En Hessen, concretamente, en un referéndum celebrado en 1991, el 82% de los votantes se pronunció a favor de esta modalidad de democracia directa.

 

Aunque hay diferencias entre los distintos territorios federados (en Alemania no existe una legislación local federal), este cambio relativo al modo de elegir a los primeros ediles, unido a una expansión acusada del referéndum para resolver asuntos locales, ha supuesto una renovación de trascendencia en los usos políticos y ha conducido a un parcial quebrantamiento del monopolio ejercido por los partidos a la hora de imponer sus propias opciones y sus candidatos. Tal alteración de las reglas tradicionales ha tenido una consecuencia beneficiosa y bien perceptible: la recuperación, por parte de la ciudadanía, de espacios libres del influjo partidario. Como, en general, se nos llena la boca invocando "fórmulas de progreso", creo que no hay nada mejor, en tal dirección, que reforzar el poder ciudadano: cuantos menos intermediarios tenga la democracia, mejor enderezado estará su rumbo.

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