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Artículos con los que estamos de acuerdo

Juan Carlos Viloria en  www.hoy.es

Carmen es intuitiva, rubia, separada. Un hijo en paro. Instruida en la Complutense madrileña durante los años de la Transición, vive desde hace 25 años en Cataluña y con más o menos entusiasmo siempre ha votado socialista. Ahora está aburrida de los partidos, de los líderes, de sus disputas, de su incompetencia, de la política. En las próximas elecciones, si no cambia mucho la oferta del escaparate, irremediablemente militará en el voto blanco. La palabra de moda en la ciencia que estudia los comportamientos electorales es desafección. Como Carmen, hay cientos de miles de votantes por toda España que acarician la idea de expresar su animadversión, inquina o desapego de los políticos enrolándose en alguno de los ejércitos sin cabeza que agrupan a los abstencionistas, los nulos o los blancos. No hay más que cruzar algunos resultados demoscópicos para pronosticar que los tres disponen de un potencial crecimiento muy considerable en las próximas consultas que afronta España.

En el último Barómetro del CIS por primera vez «la clase política» y los partidos políticos figuraban como ¡la tercera preocupación de los ciudadanos españoles! Otras encuestas fragmentarias han detectado no sólo el drástico hundimiento del prestigio de la política sino la eclosión de una masa rural y metropolitana que vincula política a mentiras, estafa y fraude. La centralita de las emisoras de radio que auscultan el estado de ánimo del país recogen a diario auténticos dardos verbales que claman para que alguien quite a los políticos el coche, la pensión, la visa o la poltrona. En época de estrecheces económicas y en una sociedad psicológicamente fatigada de soportar el electroshock del hundimiento de sus sueños cuando empezaba la abundancia, no se tolera la imagen del que vive de la política. La judicialización de la disputa de los partidos por el poder y el desfile de dirigentes, alcaldes, concejales por los juzgados, esposados o no, tampoco está ayudando a recuperar el prestigio de unos partidos que el 74% de los ciudadanos acusa de no preocuparse de sus problemas.

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Forges en El País, 02.05.06:

"La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas. Él trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella.

Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de alquiler, en unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a Barcelona.

A los pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y pagado una vivienda de 120 m2. Han pasado 27 años. En 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso modesto de 75 m2 a las afueras no se encuentra por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.

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Alfonso López Quintás, en ABC, 26.12.06:

"CÓMO DOMINAR FÁCILMENTE A UN PUEBLO

 

El deseo de dominar a los pueblos y someterlos a los propios intereses no es exclusivo de los regímenes dictatoriales: es una tentación constante de todo el que ansía acumular poder.

 

Para dominar a un pueblo de forma fácil y contundente sólo se necesita privarlo de su carácter comunitario y convertirlo en mera "masa". El concepto de masa es cualitativo, no cuantitativo. Independientemente del número de miembros que lo forman, un conjunto de seres humanos constituye una masa cuando carece de estructura y se reduce a un montón amorfo de individuos. La estructura es una constelación de elementos que se hallan mutuamente vinculados y forman un conjunto aunado y compacto. Vista así, la estructura es fuente de solidez, dinamismo y flexibilidad. Un pueblo estructurado -merced a su capacidad creadora de vínculos- es difícilmente dominable, porque la unidad es fuente de energía interior. Un pueblo masificado, es decir, desestructurado -por falta de creatividad-, es presa fácil de los depredadores de todo orden: los culturales, los económicos, los políticos...

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Rosa Montero en El País, 14.11.06:

"El terrorismo es sin duda algo imperdonable. Me repugna el fanatismo de quienes están dispuestos a destripar a la gente para sostener sus ciegas creencias (...).

Pero también me desespera que, desde el otro extremo ideológico, se está utilizando el terrorismo como palabra mágica con la que justificar todo tipo de tropelías y barbaries (...).

(...) El rey de Marruecos acaba de declarar que un Sahara independiente sería un foco de terorrismo. Lo que nos faltaba: que, tras incumplir los acuerdos de la ONU y reprimir salvajemente a los saharauis, este decepcionante rey echara mano ahora del ogro del terrorismo. Lo cual es una completa insensatez, dado que, durante sus 30 años de lucha y destierro, los saharauis, en condiciones durísimas, han tenido la serenidad, el coraje moral y la cordura de no recurrir al terrorismo, y eso que sin duda hubiera sido más fácil, porque vivimos en un mundo en el que parece que sólo se hace caso a los que matan.

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Lucía Méndez en El Mundo, 13.01.07:

"LA NÁUSEA

Ignoro si algún profesional de la política –sea ministro, alcalde o simple miembro de la ejecutiva de algún partido- ha sentido esta semana la vergüenza, el bochorno, la indignación, el hastío, el disgusto, la desazón y hasta la repugnancia que hemos sentido muchos españoles.

 

Ignoro si la clase política es consciente del asco que nos produce el espectáculo de circo romano al que asistimos como espectadores desde que ETA asesinó en la T-4 a dos trabajadores ecuatorianos (...).

 

El presidente del Gobierno está como ausente, con serias dificultades para aterrizar en la realidad, mientras que la oposición ha hincado el diente a la pieza largo tiempo deseada y no la suelta (...).

 

Ignoro si algún ministro, diputado o senador del PSOE ha tenido lo que hay que tener para decirla al presidente del Gobierno que hable claro de una puñetera vez (...).

 

Ignoro si alguien del PNV le ha dicho a Ibarretxe exactamente lo que se merece por el lío que ha montado con la manifestación de Bilbao (...).

 

Ignoro si algún responsable del PP ha tenido lo que hay que tener para advertir a sus dirigentes que se están pasando de frenada y que no asistir a la manifestación de hoy contra el terrorismo es un grave error.

 

Sí. Los ciudadanos tenemos razones para estar cabreados con los políticos, pero tenemos muchas más para salir hoy a la calle a llorar juntos. Una vez más.

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