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Artículos con los que estamos de acuerdo

Félix Barroso Gutiérrez

Diario Hoy / columna "La Pingolla"

 

Para mí que esos empresarios que se han reunido con el Rey y que representan a las principales compañías del Ibex 35 desconocen lo que es la caridad. No olvidemos que, según fuentes dignas de crédito, el 86% de tales compañías operan en paraísos fiscales. No tienen caridad con esa tasa de pobres que, a tenor del informe de "Exclusión y Desarrollo Social en Europa" ya alcanza el 25,5% (en Extremadura, el 41,5%: treinta puntos porcentuales por encima de Navarra y superando los niveles de Rumanía). Y no tienen caridad porque niegan la palabra "recortes", aconsejan a los trabajadores "oír, ver, callar y dar más horas" y forman recia piña en torno a Rajoy y su derecha. No sabemos qué habrá opinado el cazador de los bosques de Botswana sobre el particular, pero dudamos que, en fechas cercanas, siente a su mesa a algunos de esos pobres que tienen muy poco que llevarse a la boca.

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En estos días se han levantado voces que solicitan que la iglesia deje de estar exenta del pago del IBI, el impuesto de bienes inmuebles, porque es un privilegio y porque en estos tiempos de crisis los ayuntamientos no se pueden permitir el renunciar a lo recaudado por ese concepto.

Quiero con esta entrada aclarar algunas cosas sobre ese supuesto privilegio de la Iglesia católica, haciendo dos consideraciones:

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En attac.es

Juan Torres es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, consultor y asesor de gobiernos y organizaciones internacionales, interviene en foros y seminarios de divulgación económica y análisis. Es un escritor prolífico y ha publicado un buen número de libros (el último se titula ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada? La crisis de las hipotecas basura), medio millar de artículos y tiene un blog en internet, Ganas de escribir.

¿Cuál es la razón de esta crisis?

El gigantesco y antidemocrático poder de decisión de los banqueros es el origen auténtico de la crisis. Lo resumiré con cinco citas ajenas: “Los bancos tienen la culpa de todo”, “La banca ha tenido una conducta irresponsable”, “La crisis se ha producido porque se ha dejado que la banca cometa un fraude generalizado”, “Los directivos de los bancos que han recibido dinero del Estado y ahora pagan bonos son unos sinvergüenzas” y “La crisis se ha producido gracias a los chanchullos de la Administración de Bush”. Estas frases proceden de fuentes nada sospechosas de izquierdismo anticapitalista. Las han pronunciado, por este orden, Warren Buffet, que es uno de los dos hombres más ricos del mundo; la segunda aparece en un documento del G 20; la tercera es de Alan Greenspan, el que fue presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos; la cuarta es de Barack Obama y la quinta es una opinión de Paul Samuelson, premio Nobel de Economía, considerado como el más prestigioso economista de la segunda mitad del siglo XX.

Foto de Juan Torres


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Josele Sánchez en articulo.org

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.” (Eduardo Galeano)

A pesar de haber tenido múltiples profesores en mi vida académica no llegan a la media decena aquellos a los que considero maestros; tal vez no se deba a la falta de autoridad y conocimiento en las respectivas materias de quienes en su día me dieron clases sino, más bien, a la severidad con que juzgo yo a mis antiguos docentes.

Luis Fernández Augusto es uno de los pocos instructores a quienes sigo considerando Mi Maestro y no sólo por ser, acaso, uno de los mayores expertos en marketing de España ni por su reconocido prestigio como economista sino por añadir, a los mencionados méritos, unas cualidades extraordinarias para la docencia, una generosidad de espíritu y una vocación indefinida de padrinazgo hacia quienes hemos tenido la fortuna de habernos formado bajo su tutoría.

Pues bien, por una vez y sin que sira de precedente, me atreveré a discrepar de Mi Maestro Luis Fernández: Él afirma que “nos encontramos en el inicio de un cambio de ciclo tal y como sucedió en la crisis del 29” mientras que yo sostengo que no es el final de un ciclo sino que estamos ante el final de un modelo económico. Pienso que el actual arquetipo neoliberal ha fracasado y que cualquier medida que se adopte no pasará de ser tratamiento superficial de una herida tan profunda que no responde a terapias paliativas; la estructura económica capitalista, heredera de las tesis desarrolladas por Adam Smith en su “Teoría de los sentimientos morales” está clínicamente muerta y no sólo afecta a una parte de nuestro organismo sino que la metástasis amenaza con destruirnos como sociedad. El problema es mucho más profundo que el del mero agotamiento de un sistema económico, es más, a mi juicio, lo que ha naufragado es el propio sistema político del liberalismo de Jean-Jacques Rousseau y de su obra “El Contrato Social” de la que se derivan todas las constituciones de los países que, en la actualidad, se autodenominan democracias.

Así las cosas deberíamos reflexionar sobre cuáles son los recursos de los que disponemos y el por qué son tan escasos o, lo que viene a ser lo mismo, deberíamos redefinir la economía porque el modelo dominante ha hecho posible que la gente no sea capaz de concebir, si quiera como posible, otra realidad económica es decir, el grueso de la población occidental cree que economía, mercado y mercado capitalista son una misma cosa.

El actual marco económico a nivel internacional adscrito desde mediados de los 80 a la doctrina más salvaje del capitalismo representada por la “Escuela de Chicago”  y por las tesis de los economistas George Stigler y Milton Friedman(a los que, a mayor abundamiento se les premio con el Nobel de Economía) consagra el dominio de la propiedad privada sobre los medios de producción dando lugar a una relación jerárquica de funciones entre el empleador y el empleado, establece que los recursos invertidos por los prestadores de capital para la producción económica deben estar en manos de las empresas y personas particulares que los adquieran y de esta forma a los particulares se les facilita el uso, empleo y control de los recursos que utilicen en sus labores productivas, de los que, a fines empresariales, podrán usar como mejor les parezca. Asimismo, el capitalismo bendice el “Cálculo Económico” es decir,  la libertad de las empresas para conseguir recursos económicos y transformarlos en una nueva mercancía o servicio y la libertad, también para escoger el negocio que deseen desarrollar y el momento para entrar o salir de éste. Basa sus reglas de juego en la “Competencia” entre un gran número de empresas o personas que ofrecen y venden un producto en un mercado determinado en el que, a su vez,  existe un gran número de personas o empresas que compran o demandan esos productos o mercancías. A través de la competencia se establece una rivalidad entre los productores que anhelan acaparar la mayor cantidad de consumidores/compradores para sí en unos mercados regulados por las “Leyes de la Oferta y la Demanda responsables de fijar los precios según los cuales se intercambian las mercancías y de asignar los recursos y la distribución de la riqueza entre los individuos.

Foto de trabajadores

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En elnuevorotativo

España (datos de Cáritas) tiene un 22,7 % de ciudadanos que viven por debajo del Nivel de la Pobreza, es decir nueve millones de españolitos y españolitas que se levantan, cada día, sin saber cómo ni qué se llevarán a la boca; esto, unido a que de cada 100 españoles ¡21 están en paro! debería producir estupor en cualquiera conciencia decente.

Por si esto fuera poco contemplamos diariamente el “drama de la inmigración”, especialmente la subsahariana que, a mayor abundamiento, es aprovechado por la extrema derecha para difundir un mensaje racista y discriminatorio de populismo indecente y de fácil calado que cada vez infecta más a nuestra sociedad.

Atravesamos también la mayor crisis económica de la Historia, una crisis piramidal que invade el mundo y que es consecuencia del actual modelo civilizatorio. No se trata de un accidente económico de carácter coyuntural sino, desde mi punto de vista, del final de un sistema socioeconómico mundial injusto, obsoleto y fracasado.

Cuando en los años 70 la tasa de rentabilidad se vino abajo, las democracias occidentales apostaron por una economía neoliberal en la que vivimos instalados durante casi tres décadas; con esta política, (al margen de otras consideraciones ideológicas y morales) lo cierto fue que las tasas de rentabilidad se recuperaron significativamente y se inició una etapa de prosperidad así como un repunte de la tasa de beneficio del capital, compatible con un importante desmantelamiento industrial que incentivó el desvío de capitales a dinámicas ajenas a la generación de empleo o a la inversión en sectores no industriales por lo que se desaprovechó una extraordinaria oportunidad de contribuir a una prosperidad general.

El intenso modelo de crecimiento español vivido entre los años 1.995 y 1.997 se sostuvo bajo la extensión de un empleo de bajos costes, precariedad y derechos limitados. La inversión en construcción fue el motor del crecimiento económico, con efecto arrastre en actividades de servicios como la intermediación financiera, las inmobiliarias y las telecomunicaciones.

Esa “inversión refugio” en el sector de la construcción residencial albergaba flujos de capital que huían de la deuda externa internacional que amenazaban con impagos y todo ello en un contexto de política monetaria expansiva con tipos de interés reales muy bajos y con una banca que propició una concesión de crédito en extremo permisiva. Hasta el inicio de la crisis, el sistema financiero hizo iniciativas de alto riesgo, para obtener masas de beneficio con bajos márgenes financieros, por lo que optó por conceder créditos de cualquier manera.

Pero la banca siempre gana, así que demandaba como garantía el aval de la propia vivienda hipotecada por lo que, en caso de impago, el hipotecado perdería su vivienda –que pasaba subasta- además, sin dejar de responsabilizarse de las deudas pendientes, convirtiendo a la banca en un gran propietario de inmuebles hasta el punto de que, en la actualidad, ya no sabe muy bien qué hacer con ellos.

Otro mundo el posible

 

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