Joseantonianos

José Antonio, ¡acuérdate de nosotros!" Dicen que el honor es la poesía del deber. Honor, cinco letras como cinco rosas.

Columna semanal "A la intemperie"
de Fernando Valbuena Arbaiza, en el diario regional HOY,
viernes 22 de noviembre de 2013.

Aún no ha anochecido y ya están encendidas las luces de los clubes de carretera. Metáfora perfecta de la España incierta de hoy. Badajoz, Navalcarnero, el desvío a Brunete,... Con los años veo peor. En San Lorenzo del Escorial hay un monasterio y un Supercor. En el Supercor venden flores. Cuatro docenas de rosas en ramillete. Compro una. La cajera me mira. O creo que me mira. Hace muchos años que no compro otras rosas rojas que éstas de noviembre.

A medianoche paseo por la lonja del Monasterio. Nadie. Solo frío. Todo es solemne. Una perra mea. Y sin embargo todo sigue siendo solemne. Otra metáfora perfecta. Oigo mis propios pasos. A solas, los pensamientos abrigan más. Hace años fotografié a mi padre aquí. Boina azul Bilbao. Él ha dejado ya de cumplir años. Ahora cumplo yo por los dos. Al volver al Hotel saco del lavabo las rosas y separo las cinco mejores.

Al amanecer fusilan. Me despierta el estruendo de las contraventanas al batir. Como una descarga. Me asomo. Las torres del Monasterio rezan los rosarios del alba. Sopla un viento inmisericorde. José Antonio estuvo enterrado veinte años entre reyes. A los monárquicos la ocurrencia les resultaba ofensiva. A los falangistas también. En 1959 sus camaradas cargaron con el féretro y se lo llevaron a Cuelgamuros. Fue un traslado tumultuoso. Eran tiempos de multitudes a la sombra del poder.

Montañas nevadas del Guadarrama. Allí me esperan mis camaradas en decorosa intimidad. Un puñado, una escuadra. Cargados de años y de razones. La mirada clara. Enamorados. Quizá los últimos enamorados de la alegría del 14 de abril. Enamorados de una revolución siempre pendiente. Sin una renuncia, sin preguntar jamás por la paga. Defendiendo jubilosamente una posición sitiada entre la saña de un lado y la antipatía de otro. Condenados a combatir sin esperanza de relevo. Joseantonianos.

José Antonio no fue ni un señorito, ni un pistolero, ni siquiera un fascista. Ni fue, por supuesto, franquista. José Antonio empalma con Costa y con Ortega. José Antonio es una propuesta intelectual arrebatadora. José Antonio es el amor amargo por España. José Antonio es el triunfo del espíritu sobre toda concepción materialista de la vida. José Antonio es el más firme compromiso con la dignidad y la libertad del hombre, de todo hombre. En especial con aquel que por carecer de pan y justicia, no puede reconciliarse con la patria. José Antonio es, además, poesía que promete. José Antonio hoy es, debería ser, patrimonio de todos los españoles de buena voluntad. En palabras de Enrique Aguinaga, "ser joseantoniano es entender a José Antonio, por encima de cualquier bandería, como patrimonio de todos los españoles". Esa es nuestra tarea. Devolver José Antonio a los españoles. Con su profundo valor de síntesis, de unidad entre los hombres y las tierras de España. Libre de falsificaciones y de tópicos. No importa fracasar hoy. Antes o después, como dice mi maestro Jaime Suárez, en algún lugar, un joven español que a vivir empiece, un joven que no sepa nada de guerras ni de odios, leerá sus obras, y, a su luz, proclamará la eterna primavera.

Ante su tumba, bajo la cruz del Dios de todo consuelo, en los labios versos y en las manos rosas. Los versos son ajenos. "Para hacer que la victoria sea de todos, acuérdate de nosotros, para llevar a los débiles sobre el hombro, acuérdate de nosotros, para buscar el milagro con los ojos,... José Antonio, ¡acuérdate de nosotros!" Dicen que el honor es la poesía del deber. Honor, cinco letras como cinco rosas.


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