Casi se me saltan las lágrimas al ver a José María Aznar hablando en el anfiteatro de las cámaras de los Estados unidos de América.

No me emocione por la grandeza y el reconocimiento que ese gesto supone para España. Mi llanto era más bien en recuerdo de ese comandante de la Guardia Civil que ha pagado con su vida ese momento de gloria de nuestro presidente, muriendo casi simultáneamente a la actuación estelar de Aznar en Washington.

Lastima que para que un español salga a hablar en la tribuna de oradores de los USA, sea necesaria la muerte de varios de nuestros compatriotas en una guerra injusta e ilegítima. El papel de Aznar, nada más allá del que haría cualquier gobernador de provincia invitado por sus hermanos mayores a una de sus reuniones, no vale la pena, no vale la vida de nuestros hermanos, no vale el desprestigio de toda una nación que actúa como perro fiel del imperio encabezado por el Sr. Bush.

Señor Aznar, sea coherente y solicite la nacionalidad estadounidense, en su caso es probable que olviden ese aspecto suyo de mejicano y le hagan el favor de darle un pasaporte norteamericano, para que vaya por el mundo explicando que la libertad se consigue con guerras preventivas y con tanques de gatillo rapido.

Talio

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