¿Cómo no? Con más de tres millones de desempleados, con las condiciones laborales de los que no están desempleados bajo mínimos históricos, cuando la desigualdad y la injusticia siguen siendo el pan nuestro de cada día, ¿quién no quiere un gobierno de izquierdas en España? Nosotros desde luego sí que lo queremos.

Ahora bien, y para que conste por escrito, es necesario primero hacer algunas definiciones para que esta afirmación sea entendida.

En nuestro imaginario colectivo, un gobierno de izquierdas es aquel que se preocupa de los más débiles, que prioriza políticas donde el crecimiento económico cumple funciones sociales y en el que se garantizan unos mínimos de justicia económica que permiten la vida digna de la población, a salvo de la explotación y del abuso de los más favorecidos económicamente.

Un gobierno de izquierdas, no deja que el mercado sea el único regulador de la economía, sino que decididamente, interviene en política económica, regulando y enmarcando las actividades económicas para evitar que la única ley sea la de la jungla.

Un gobierno de izquierdas, gasta los recursos públicos orientado por objetivos sociales, a sabiendas de que los sacrificios se deben compartir, para que toda la sociedad se beneficie de las ganancias económicas que se generen en el marco de esa misma sociedad.

Y podríamos seguir así definiendo lo que de positivo, que es mucho, tiene en nuestra mente la parte de la izquierda idealizada que a nosotros los falangistas, por ejemplo, nos resulta tan simpática y deseable.

Desgraciadamente, al poco, toca despertar a la realidad de lo que se nos ofrece en estos días desde la cuesta de San Jerónimo: Un gobierno sostenido por un conglomerado de organizaciones políticas lideradas por un político que se ha caracterizado por ser un creador de conflictos, tanto en su partido, no se olvide que a punto estuvo de destruir el PSOE, como a nivel institucional, no se olvide tampoco, que su terquedad mantuvo durante meses a España sin gobierno. 

Un político que a fuerza de ser incapaz de ningún consenso con otras fuerzas más moderadas (¿hay alguna?) no puede más que buscar socios a su ¿“izquierda”?

Y  con lo primero que se topa es con una organización representativa del más rancio concepto de la izquierda, del concepto que es solo la pose. De la izquierda del maniqueo discurso de defensor autoproclamado de la democracia, que en realidad está políticamente anclado en el credo más antidemocrático que existe: el comunismo.

Nuestra izquierda no merece ser este  Pedro Sanchez guapetón y seductor que despechado por Podemos, no va a poder seducir más que a los que le apoyarían a cambio de que les permitan destruir España. España, un concepto que siempre fue muy valorado por nuestra izquierda, española y socialista, y que ahora está en peligro precisamente porque el partido que en su nombre todavía dice ser español y socialista, en realidad solo se preocupa de seguir instalado en el poder. Al precio que sea y sin ni siquiera intuir cual es la labor que le debiera ser más preciada, para ser idealmente de izquierdas.

Porque hoy, lo que toca, si es que se es defensor de las políticas de izquierdas, es precisamente mejorar la economía para que siendo fuerte, sea suficiente para todos y siendo  dinámica, pueda hacer a todos útiles en un mundo cambiante y lleno de retos, cada vez más exigentes y a los que no se puede responder con recetas obsoletas, ni de la derecha egoísta, ni de las izquierdas anticuadas.

Tanto deseamos ver poner en práctica las soluciones de un gobierno de izquierdas como el que definíamos en los primeros párrafos de este escrito, que solo se nos ocurre que tal vez sea mejor que vuelvan a convocarse elecciones, aunque la verdad, el panorama político es tan árido que aun así el futuro se presenta duro y desesperanzador.

Desde luego lo que seguro no queremos es que se constituya un gobierno hipotecado por las ambiciones personales de líderes egocéntricos tributarios del independentismo y del apoyo a opciones tardocomunistas carentes de toda idea de justicia o libertad. 

Para que se instaure un gobierno de izquierdas, debe fracasar la negociación entre las organizaciones que se dicen de izquierdas. Paradójico.

Talio

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