Editoriales

La opinion oficial de Falange Auténtica

La Constitución de 1978 engendró un Estado asimétrico al que bautizó como Estado de las autonomías en la esperanza de relegar toda aspiración secesionista a cambio de una costosísima administración autonómica. Costosísima y desigual. El derecho foral ha sido la herramienta jurídica esgrimida por el nacionalismo vasco para amparar su condición de ciudadanos privilegiados, con un autogobierno superior al resto de los españoles en una sociedad a la que se la ha instruido en la equivalencia entre autonomía y bienestar.

Pero el estado desigual que ampara la Constitución del 78 no sólo es el origen de las prebendas económicas, prebendas que para una sociedad opulenta es lo de menos. La desigualdad sobre la que se ha reinventado la idea débil de España ha servido de coartada para el adoctrinamiento en el odio a generaciones de vascos que sólo conocen el arte de la dialéctica cuando es para enfrentar lo vasco a lo español. Una dialéctica con la que hablar, un esquema con el que pensar y una técnica con la que matar.

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La enésima metedura de pata del Gobierno consiste en sacarse de la manga un homenaje a la bandera nacional un miércoles de cada mes en Madrid, la capital del Reino. ¿Piensa el Gobierno que va a fomentar el patriotismo, "constitucional" eso sí, con homenajes institucionales a la bandera? Por ese camino lo único que va a conseguir es polémica y enfrentamiento como siempre y con los de siempre.

Eso no es patriotismo, eso es nacionalismo, así, sin adjetivos, pues el nacionalismo es igual allende que aquende el Ebro. Igual de empobrecedor y perjudicial es el nacionalismo vasco que el catalán o el español. Es nacionalismo al fin y al cabo, y el nacionalismo es el egoísmo de los pueblos, de cualquier pueblo. Así que no es que el Gobierno se nos haya vuelto patriota de la noche a la mañana, sino que le ha salido un venazo patriotero y nacionalista de aupa, cosa normal en un partido de derechas como el PP por mucho que lo quieran disimular. Ahora, lo que tampoco es de recibo es la reacción de los acomplejados de siempre, esos a los que les sale urticaria en cuanto oyen la palabra España o ven una bandera rojigualda, esos no tienen remedio.

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Nos asalta la duda. El gobierno del PP, a través de su vocero en lo social, Eduardo Zaplana, ha conseguido hacer sonreír a los representantes sindicales de CC.OO. y UGT, ofreciendo sustanciales cambios en el decreto de reforma de la cobertura por desempleo.

No es por disgustar a los señores Hidalgo y Méndez, pero dudamos que el motivo esté en la movilización de los trabajadores llevada a cabo por los sindicatos. Ya se convocó y realizó la Huelga General, cuyo desigual seguimiento, no fue en todo caso suficiente para que el Gobierno reculara. Desde entonces la movilización ha continuado, sin que se inmutara el Gobierno y sin que reconociera la posibilidad de reformar la reforma.

Ahora sin embargo lo hace. ¿Por qué será?

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La hispanidad resulta de gran importancia para Falange Auténtica. En el día de la Hispanidad queremos unirnos a la celebración que conmemora la existencia de ese sentimiento y esa realidad que es la Hispanidad.

Es para nosotros la Hispanidad una identidad y una meta.

Una identidad, porque como españoles y por tanto precursores de la Hispanidad, nos vemos identificados por una serie de características que le asignamos al término Hispanidad, a las cuales no renunciamos y que pretendemos mantener en aquellos aspectos que consideramos más positivos, como aportación genuinamente española a la historia del mundo.

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La situación en el País Vasco es, desde hace veinticinco años, de tal excepcionalidad que ni siquiera la reciente intervención de Juan José Ibarretxe en el Parlamento autónomo presentando su iniciativa soberanista ha causado en los españoles excesivo impacto. Contrariamente a lo que pueda parecer, esta ausencia de eco social es una manifestación sintomática más del calado de este asunto. Los falangistas auténticos no debemos dejar pasar la ocasión de reflexionar sobre el fondo del problema.

La realidad del País Vasco es de una gravísima complejidad que exige soluciones complejas y posicionarnos ante este problema buscando respuestas simples es, en el mejor de los casos, una ingenuidad. También cometeremos un grave error si nos dejamos arrastrar por las voces mediáticas de los grandes grupos de opinión (partidos y media) que están gestionando el problema con un indecente sentido de la rentabilidad política a corto plazo.

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