La prensa malagueña y nacional está revuelta debido al resultado de las elecciones municipales en el municipio de Ardales. Las urnas arrojaron un resultado que abre puertas a diferentes posibilidades: 5 concejales para el PSOE-A, 4 concejales para IU-LV-CA y dos concejales para FA, nuestro partido.

 

Por diferentes motivos, el Partido Socialista, que lleva gobernando cuatro mandatos consecutivos, varios de ellos con mayoría absoluta, ha declarado no estar dispuesto a pactar ni con Falange Auténtica ni con Izquierda Unida, por lo que se ha abierto la posibilidad -y de ahí el escándalo de los políticamente correctos- de que se produzca un pacto entre IU y FA, que posibilitaría el relevo de Salvador Pendón, actual presidente de la Diputación de Málaga, como alcalde y, consecuentemente, la formación de un nuevo gobierno municipal encabezado por el candidato de Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria por Andalucía y votado por sus ediles y los dos de Falange Auténtica.

La dirección provincial de IU en Málaga ya ha anunciado que, si se produce el Pacto, se procederá a la expulsión de los concejales ardaleños de IU. Cabe la posibilidad de que semejante amenaza tenga que llevarse a efecto, puesto que los dirigentes locales de IU en Ardales, liderados por su cabeza de lista Juan Calderón, han declarado que el pacto no debe descartarse, habiendo además emitido una serie de opiniones sobre Falange Auténtica que difieren mucho de la imagen que habitualmente se le atribuye a nuestro partido. No nos preocupan los problemas que los dirigentes provinciales de IU tengan para explicar a su militancia cuál es su concepto de democracia interna o dónde queda la autonomía de los grupos locales, aunque será una cuestión curiosa.

 

Mientras, en Falange Auténtica, se actúa de acuerdo con nuestra Declaración de Principios y, para empezar, se da el máximo protagonismo a la hora de decidir al núcleo de Ardales, cuya adscripción clara y permanente a los valores, postulados y estrategias de Falange Auténtica, son garantía más que suficiente de que su decisión final, sea la que sea, será beneficiosa para nuestra organización y responderá a nuestras expectativas pero, sobre todo, será la que se considere mejor para Ardales, que es lo verdaderamente importante.

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Durante estos días se cumplen diez años del secuestro, condena a muerte y ejecución de Miguel Ángel Blanco Garrido, vecino y concejal por el Partido Popular de Ermua .

 

A nadie que viviese aquellas cuarenta y ocho horas de angustia, de chantaje, de muestras de solidaridad, de valentía, de rabia contenida e incontenida, se le habrá borrado de la memoria la implicación de todo un pueblo por encima de diferencias ideológicas y de lugar de procedencia.

 

Durante esos dos días el pueblo dio una lección de orgullo, de unidad, de reacción ante un ataque. Por un momento parecíamos recuperar ese carácter de justicia y de dignidad que habían caracterizado a nuestro pueblo en anteriores etapas de nuestra historia.

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Nuestros lectores habituales quizá recuerden el banner que ilustra estas líneas. FA lo hizo público hace justamente un año. Reflexionando sobre los incendios forestales, recordábamos la tragedia que se llevó por delante varias vidas humanas en Guadalajara en 2005 y la catástrofe natural de gran envergadura que sufrió Galicia en 2006. Y nos preguntábamos qué tierra se vería afectada en 2007 por el fuego, en inevitable concurso con la incompetencia, la imprevisión y la descoordinación administrativa.

 

Lamentablemente, ya tenemos la respuesta. Las Islas Canarias están sufriendo este año la pesadilla de miles de hectáreas calcinadas, de decenas de hogares perdidos y de millares de personas evacuadas cautelarmente en medio de la incertidumbre y la angustia.

Mientras los ciudadanos asistimos consternados a esta tragedia, los políticos vuelven a obsequiarnos con su espectáculo de improvisación, de descontrol, de despreocupación, de echarse en cara responsabilidades unas administraciones a otras.

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"No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido,
los factores de un comienzo.
Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado,
no pueden darlo por bueno.
Gabriel Celaya

No es nuestra costumbre hacer comentarios respecto a las actividades de aquellos grupos de ultraderecha que, por su denominación y simbología, resultan fieles continuadores de la manipulación sufrida por el pensamiento de José Antonio durante la dictadura franquista. Siempre hemos preferido demostrar en positivo -con una línea política distinta, con hechos, con pronunciamientos públicos y con actividad- que existe un falangismo auténtico y actual, de inequívocas convicciones democráticas y con irrenunciable vocación social. Sin embargo, en alguna ocasión hemos tenido que romper excepcionalmente esa norma. Si la existencia, discurso y actividad de estos grupos perjudica siempre a la percepción que la sociedad tiene de nuestra identidad política -dado el confusionismo que ciertas denominaciones introducen ante la opinión pública-, hay veces en que la trascendencia mediática de algunas concretas actuaciones enloda con especial intensidad la imagen del falangismo. Así, nos sentimos obligados en su día a pronunciarnos contra cierta manifestación xenófoba ante la sede del PSOE en Madrid, en un comunicado en el que condenábamos pública e inequívocamente semejante iniciativa.

En esta ocasión nos vemos forzados también a salir al paso de diversas convocatorias que, al hilo del 71º aniversario de la sublevación del 18 de julio, reivindican la fecha y lo hacen, para mayor escarnio, con denominaciones de Falange y, en algún caso, con un discurso que causa vergüenza ajena, un planteamiento tan lamentable, tan guerracivilista y tan fuera de lugar como "si hay que volver a pasar, pasaremos.

No cabe duda de que, en julio de 1936, la experiencia de la II República, por desgracia, había ya fracasado y que, con hechos como la previa sublevación izquierdista de octubre de 1934 contra el gobierno republicano, la persecución religiosa tolerada -cuando no alentada- desde el poder, la arbitrariedad gubernativa, el asesinato del líder de la oposición parlamentaria por parte de las fuerzas de seguridad del propio Estado y el clima generalizado de violencia, ni siquiera cabía hablar en rigor ya de un verdadero Estado de Derecho. Se había desembocado en una situación en la que, lamentablemente, ningún sector político parecía estar dispuesto a convivir pacíficamente con el otro. El alzamiento del 18 de julio y el innegable apoyo popular que obtuvo en una buena parte de la sociedad española –equivalente al rechazo que levantó en la otra mitad de la misma- pudo ser, en su origen, una reacción comprensible frente a una concreta situación de caos o frente al peligro cierto de que España pudiese derivar hacia una dictadura de influencia soviética. A la vista de muchos documentos históricos -incluso algunas proclamas originarias- muchos de los alzados no pensaban ni remotamente en instaurar un régimen autoritario que durase cuatro décadas, sino en actuar ante una grave situación de emergencia y de excepción, para luego encauzar el rumbo de la propia República. En todo caso, quédese dicho análisis para los historiadores.

Lo cierto e incuestionable, desde la perspectiva que el tiempo nos ofrece, es que esa fecha se acabó convirtiendo en el origen de una sangrienta guerra civil de tres años y en una dictadura de casi cuarenta. Nada, pues, que pueda hoy celebrarse desde una mínima sensatez.

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En estos momentos de angustia y desconsuelo, Falange Auténtica quiere mostrar su solidaridad y unirse al dolor de los ciudadanos peruanos. Tanto de quienes han sufrido las terribles embestidas del terremoto registrado en el centro y sur de aquella nación hermana, como de aquéllos que, afincados en España, siguen con expectación las tareas de desescombro y rescate de víctimas.

 

FA manifiesta su satisfacción por la inmediata reacción de gobiernos de todo el mundo, que han mostrado su apoyo al pueblo peruano, enviando equipos de ayuda y suministros necesarios para intentar paliar en parte los daños causados por el terremoto y sus sucesivas réplicas.

 

La primera medida del gobierno español ha sido enviar tres potabilizadoras de agua para abastecer a unas tres mil personas, según ha indicado la Agencia Española de Cooperación Internacional, además de un primer vuelo con cien toneladas de material en total y con personal especializado. La secretaria de Estado de Cooperación Internacional se reunió enseguida con ONGs humanitarias y miembros de otras instituciones para coordinar el envío de asistencia, equipos sanitarios y de rescate de personas, así como ayuda urgente.

 

Por supuesto que todas las medidas que en estos momentos puedan tomarse para intentar restablecer la normalidad en Perú serán sin duda bien recibidas, pero no debe olvidarse que la situación económica de muchos países hace que estos fenómenos naturales tengan en los mismos repercusiones especialmente trágicas.

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