Nueve meses de gestación parece que han sido necesarios para que la tregua de ETA produjese su resultado de violencia y coacción. Como un mal embarazo, preñado de intenciones políticas de una banda asesina, anclada en el más turbio totalitarismo marxista y trufado del más irracional nacionalismo excluyente, que cree que los objetivos políticos se consiguen matando personas y sembrando la violencia.

No es nada que no pudiera haberse intuido. La experiencia -que sólo parecía haber olvidado el Gobierno, quien más presente debió tenerla- apuntaba a que éste era el fin más probable del proceso de paz, o de negociación o como quiera llamársele a esta pantomima que hemos sufrido, con la vergüenza de ver a nuestro Gobierno dando visos de ir a plegarse a las pretensiones del separatismo, por efecto de haberse vertido la sangre de tantos asesinados y la chulería de los que sólo esgrimen, a falta de razones, muertos y destrozos.

Leer más...

¿Y qué?

Esas dos palabras casi serían lo único que tendríamos que decir ante el nuevo comunicado de los asesinos.

 

Hubo un tiempo en este país en el que en los medios informativos y en los ámbitos políticos se tenía la sana costumbre de no difundir ni comentar las notas de los etarras, costumbre que, inexplicablemente, se ha roto desde hace algún tiempo.

 

A quienes hablan con la violencia, la sociedad no puede concederles hablar también con la palabra y, además, que ello les permita una divulgación privilegiada de sus mensajes, por encima del resto de ciudadanos. Eso, en sí mismo, ya es un rédito que obtiene el terror.

Leer más...

Los alarmantes sucesos del pasado fin de semana en Alcorcón (Madrid) nos resultan especialmente inquietantes por su significación con respecto al fracaso de la integración en nuestra sociedad.

 

No es lo más importante saber en este caso quién empezó la trifulca, ni si ésta tuvo su origen en una pelea de copas o en alguna actividad delictiva previa. Lo cierto es que, tras un desgraciado episodio de violencia, totalmente censurable, la consecuencia inmediata es la creación de bandos enfrentados, cuyas características son fáciles de asumir. Los bandos se diferencian por rasgos étnicos, por origen nacional y, en menor medida, por usos culturales, si es que pueden ser así llamados los atributos diferenciadores que asignan a los individuos un mayor o menor grado de pertenencia a una tribu urbana.

 

No vale ocultar la cabeza como el avestruz ante estos incidentes. Si se dan es porque el proceso de integración está fracasando y deben tomarse medidas de manera inmediata.

 

Es bien conocida nuestra posición ante la inmigración. También es conocido nuestro planteamiento sobre la integración: un proceso imprescindible, obligatorio, al que no se puede renunciar para poder organizar la nueva sociedad que estamos creando entre los que ya estábamos y los que están llegando.

Leer más...

Tal vez sea el momento de recordar quiénes somos. Falange Auténtica, cuando mira al pasado y busca las fuentes donde inspirarse, fija su vista, de manera innegable, en la experiencia vital y política de José Antonio Primo de Rivera.

Un político que negó su entrada en Falange Española a José Calvo Sotelo, que se había convertido, en los tiempos de la Segunda República española, en baluarte y promesa de la derecha autoritaria con tintes corporativistas, y, sin embargo, coqueteó en más de una ocasión con la posibilidad de que el movimiento revolucionario que proponía para España fuera liderado por Manuel Azaña, paradigma incuestionado del republicanismo izquierdista no marxista, cuyas cualidades y posibilidades recalcó en más de una ocasión. Un político, José Antonio, que en alguna ocasión creyó viable que la dirección de su Falange recayera en Indalecio Prieto, representante oficioso del socialismo menos bolchevizado dentro del PSOE.

 

Fue José Antonio quien, tras poner a disposición del gobierno derechista de 1934 todos los medios que pudiera ofrecer Falange Española para atajar el movimiento revolucionario contra el gobierno de la República que adquirió especial importancia en Asturias y Cataluña, salió a los medios para justificar el origen de la sublevación en las durísimas condiciones de vida de los trabajadores en España, para mostrar simpatía por los sublevados y por algunas de sus motivaciones y para advertir a sus seguidores de la necesidad de seguir luchando contra la injusticia social del gobierno derechista, que había atacado la clase obrera, influida por el marxismo virulento de aquellos tiempos.

 

La profunda libertad que hizo suya José Antonio Primo de Rivera ha sido heredada por Falange Auténtica al tiempo que las esencias que definieron su activar político. Consideramos una obligación ejercer esa libertad, incluso cuando no se entiendan nuestras motivaciones.

 

Cuando el sábado día 13 asistimos con nuestra propia pancarta y mensaje a una manifestación que los medios derechistas señalaban como una maniobra del gobierno para recuperar la iniciativa popular -que últimamente había copado el sector político que se siente representado por la oposición-, ejercíamos no sólo nuestra profunda libertad, sino que también poníamos en practica uno de nuestros principios políticos. Nuestra postura contra la negociación y nuestra crítica al planteamiento de Rodríguez Zapatero en cuestiones antiterroristas no deja ninguna duda, sobre qué apoyábamos y qué no hubiéramos apoyado en ningún caso.

Leer más...

Las dos Españas hasta sus últimas consecuencias: en este país en el que siempre ha habido que ser, por narices, de Marcial Lalanda o de Joselito, de los carlistas o de los isabelinos, del Madrid o del Barça, de los rojos o de los nacionales, del PP o del PSOE, de la Cope o de la Ser, del vaso medio vacío o del vaso medio lleno, del blanco o del negro, encuentran difícil acomodo el término medio, el razonamiento riguroso o la simple sensatez que se niega a ser etiquetada.

 

Sin embargo, cuando el 11 de marzo de 2004 el mayor atentado de la historia de España nos levantaba a todos con la noticia de casi doscientos muertos, centenares de heridos y un drama para muchísimas familias, pocos podían imaginar, aun con aquellos antecedentes, que los sectarismos llegarían al extremo de acampar también en medio de una tragedia nacional de esas dimensiones.

 

Ha comenzado en estos días el juicio por aquel atentado terrorista y, en vez de encontrar una sociedad, unos partidos y unos medios de comunicación unidos en el rechazo al terror y en la cercanía a las víctimas, unidos en el dolor y en la exigencia de justicia, encuentra también dos bandos: los que quieren que hayan sido los islamistas y los que quieren que haya sido ETA. ¿Cabe mayor disparate?

Leer más...