Mientras se pasea por las calles de España haciendo lo que mejor sabe hacer, pedir el voto para su persona a quien convenga en cada momento, la candidata a la presidencia del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, ha insistido, una vez más, en insultar la memoria de las víctimas y la inteligencia de todos los españoles.

Sin la menor muestra de pudor, la mandamás de los populares declaraba y declamaba: “el derecho” a que se “respete la dignidad para las víctimas del terrorismo”. Pasando por alto el pequeño detalle de que Pedro Sánchez se ha limitado cumplir el pacto que surge de las negociaciones entre Rajoy y Urkullu, unos meses antes, con el fin de comprar los votos que el Partido Popular necesitaba para aprobar los presupuestos. Entre los acuerdos firmados, entregar las competencias de Instituciones Penitenciarias a la comunidad autónoma, lo que en la práctica conlleva acercar los presos de ETA a las cárceles de Euskadi. Una afrenta más a las víctimas del terrorismo que el nuevo Presidente del Gobierno, no ha tenido ningún problema en ejecutar, a pesar del disgusto manifestado en su día frente a los “presupuestos de la derecha”.

España no paga la factura de los que han puesto a Pedro Sánchez en el Gobierno, que también, y más que la va a pagar. En el caso que nos ocupa, el de la fingida indignación de Cospedal por el agravio sin precedentes ejecutado vilmente por sus compis de Cámara, la factura que se paga es la factura de los que permitieron que ustedes, señora de Cospedal, se mantuviesen en el Gobierno con el exclusivo fin de aprobar unos presupuestos que, como ahora muy bien está observando usted, es una factura que pagan las víctimas de ETA.

Una factura expedida por un Estado botarate, incapaz de cumplir su principal cometido: restitución y justicia, a saber, virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o lo que le corresponde. Derecho, razón, equidad. Lo que debe hacerse, según el derecho y la razón…

La falta de coherencia y de honestidad al uso de PSOE, PP o PNV, les une a todos ustedes en un interés común, solo diferenciado por unas siglas. Un interés común que nada tiene que ver con la Justicia.

Ya es casi una letanía absurda repetir y repetir que son sus partidos en sustancia y naturaleza idénticos, porque, ya saben, “no es el hábito lo que hace al monje”. A los que les importa un bledo el bien común, la solidaridad e igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos españoles y otras lisonjas incluidas en sus discursos diarios y multiplicadas en tiempo de elecciones.

De nobleza, servicio a los demás, de democracia -más allá de los tacaños límites de lo formal- o de virtuosa y recta administración del Estado, ni hablamos.

“El desencanto de la ciudadanía de izquierdas es que no hay épica en su relato” ISMAEL SERRANO. En el de la derecha, tampoco. FALANGE AUTÉNTICA

Desde Falange Auténtica pensamos que este espectáculo bochornoso, de patético reparto, en el que puede verse la actuación protagonista de Pedro Sánchez manejando los presupuestos aprobados por Rajoy, para llevar a cabo las mismas negociaciones sectarias prometidas por su predecesor, dan al traste con la finalidad última del Estado que no es otra que la aspiración al bien común.

Pensamos que es la hora de la innovación, de afrontar los nuevos cambios y retos que llegan de la mano de una economía globalizada, del fin de una época y comienzo de otra, que nos exige compromiso, conciencia y preparación. Y por ello, es urgente asegurar el estado del bienestar, las bases sagradas del estado del bienestar, como son la Sanidad Pública y una Educación Pública -competente y cualificada para los nuevos retos-, de forma que este torrente de cambios no se las lleve por delante.

Estamos convencidos de que los nuevos desafíos necesitan mayores inversiones en I+D+i y más y mejor consideración con emprendedores y autónomos, creando legislaciones que propicien la creación de nuevos puestos de trabajo. Y desde luego, para ser un Estado que se precie, que se ocupe de los más débiles, de los dependientes, niños y ancianos.  

Y lejos de observar conductas que nos indiquen que hay políticos preocupados y preparados para ocuparse de tales menesteres, asistimos a políticas torticeras, de automatismos estancados cuando no atrofiados, en los que no escuchamos hablar una sola palabra de todo aquello que preocupa a los españoles: el presente y el futuro de sus familias y sus hijos.

Muy lejos de eso, cantos de sirenas. Ocurrencias, egoísmo, falta de templanza con los que, al más fiel estilo sectario, insolidario, provinciano, interesado y egocéntrico, ocupan las pantallas del televisor a la hora del telediario.

Seguimos comprobando que somos incapaces de conducirnos por la vía de los valores. El único camino con capacidad para crear cambios consistentes que perduren.

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