Bajo la denominación de personalismo comunitario podemos encuadrar el paradigma ideológico para una acción política democrática a desarrollar por los movimientos políticos que intenten ofrecer una alternativa al individualismo propio de los sistemas de democracia capitalista sin caer en tentaciones nacionalistas y/o populistas.

 

El personalismo comunitario es un esquema de referencia política y filosófica desarrollado de una forma notoria por Emmanuel Mounier (1905-1950), cuyo centenario celebramos en este 2005.

EN BUSCA DEL HOMBRE.

El personalismo comunitario es una filosofía centrada en las persona humana y en su consideración como ser de proyección comunitaria. El hombre es el sistema, o mejor dicho, debe llegar a serlo."La gran prueba de nuestro tiempo, dice Mounier, es evitar la dictadura de los tecnócratas, tanto de derecha como de izquierda, que olvidan al hombre por la organización.

Se busca, por tanto, la liberación del ser humano a la deriva, desarraigado en el último siglo por el materialismo en cualquiera de sus formas. Hay que rescatar a ese individuo despersonalizado, perdido en el anonimato, sin vocación, sin sentido, y para ello recomponer las comunidades vitales: la familia, la asociación profesional, la nación. El Estado de Derecho debe ser, para Mounier, la garantía de la autonomía de las personas y de las comunidades naturales: "La persona debe ser protegida contra el abuso de poder (…). Esta protección exige un estatuto público de la persona y una limitación constitucional de los poderes del Estado: contrapeso del poder central por los poderes locales, limitación de los poderes policiales, independencia del poder judicial.


EL ESTADO PERSONALISTA.

Así pues Mounier propone la creación de un Estado de nuevo cuño que supere los modelos existentes. Se trata de alcanzar la libertad sin renunciar a la justicia social y a los valores espirituales. "Los derechos que el Estado liberal concede a los ciudadanos están para un gran número de ellos vedados en su existencia económica y social (…) La democracia política debe ser reorganizada en una democracia económica efectiva. Los partidos políticos cumplen, para Mounier, la función de articular el pluralismo ideológico de la sociedad, pero no los sacraliza. Apunta la creación de un estatuto de partidos como forma de liberarlos de la esclerosis y la corrupción, y va más allá: (…) sobre nuevas estructuras sociales, la democracia deberá suscitar, no un partido único y totalitario que lleve al Estado policial, sino estructuras nuevas de educación y de acción política correspondientes al nuevo estado social. En la teoría personalista del poder, la democracia combina los elementos de la democracia política con otros organismos encargados de articular una efectiva democracia social y económica, elevando al máximo nivel de la representación  a los territorios y las entidades donde trascurre la vida profesional. No hay lugar para la dictadura personal o el caudillaje. El Poder Ejecutivo debe nacer de la voluntad de la ciudadanía, sin consentir tampoco las interferencias de la aritmética parlamentaria en su elección. Mounier rechaza la tiranía del número: "La soberanía popular no puede fundarse en la autoridad del número; el número (o la mayoría) es tan arbitrario como la real gana le de a uno solo.

Frente al estatismo anulador de la personalidad humana practicado por marxismo y fascismo, Mounier afirma: "El papel del Estado se limita, de una parte, a garantizar el estatuto fundamental de la persona; de otra, a no poner obstáculos a la libre concurrencia de las comunidades espirituales. Comunidades espirituales como la familia, el lugar de trabajo, el lugar de residencia, que encuentran una de sus mejores culminaciones en la nación:(…) El sentido nacional es aún un poderoso auxiliar contra el egoísmo vital del individuo y de las familias, contra el dominio del Estado y el avasallamiento de los intereses económicos cosmopolitas. Pero lanza la voz de alerta sobre el nacionalismo: "El nacionalismo se sirve del patriotismo como el capital se sirve del sentimiento natural de la propiedad personal.

En definitiva, se trata de sentar las bases de un Estado al servicio de una sociedad de hombres libres."Queremos personas suficientemente conscientes de su vocación para que resistan cualquier tentación de amaestramiento. Queremos personas morales

UNA NUEVA ECONOMÁA.

Desmontar el capitalismo es una tarea moral, porque no solamente es un sistema que falla en sus aspectos técnicos, fallos que son subsanados en parte con el Estado del Bienestar que hoy vuelve a estar en entredicho. Es una tarea moral por el tipo de hombre y de sociedad que engendra. El capitalismo, para Mounier, envilece al hombre hasta convertirlo en un esclavo del dinero, del tener, del consumir: "Un tipo de hombre absolutamente vacío (…) de toda locura, de todo misterio, del sentido del ser y del sentido del amor (…). Cuando el individualismo y el capitalismo se presentan como defensores de la persona, de la iniciativa y de la libertad, mienten lo mismo que cuando se dicen defensores de la propiedad.

Mounier apuesta por establecer una justicia social  cimentada sobre valores espirituales, y advierte sobre las palabras engañosas del capitalismo: "El capitalismo ha denominado valores espirituales a las preciosidades derivadas de su código de moral burguesa y de las máscaras virtuosas de su desorden. Así ocurre por ejemplo con el concepto de familia, célula social de primer orden que sin embargo el espíritu burgués convierte a menudo en fuente secreta de opresión. Sobre la familia Mounier dice: "Si es verdad que la indisciplina creciente de las costumbres y los últimos sobresaltos del individualismo minan peligrosamente la institución familiar en lo que tiene de más valioso, no hay que confundir esta descomposición con su renovación y su promoción a una mayor universalidad.

El capitalismo, por tanto, propicia una estructura social donde el desarrollo de las comunidades vitales se hace casi imposible. Una economía personalista descansa sobre las siguientes premisas: "Socialización sin estatización de los sectores económicos que mantienen la alienación económica; desarrollo de la vida sindical; promoción, contra el compromiso paternalista, de la persona obrera; primado del trabajo sobre el capital; primado de la responsabilidad personal sobre el aparato anónimo. En la práctica, Mounier propone un sistema económico socializado donde la propiedad sindical y la propiedad familiar tengan un papel preponderante. Él habla de un nuevo socialismo frente al socialismo real y a la socialdemocracia: "Aquí el socialismo se duerme, allá se extravía o se pervierte con el aparato administrativo y policial. La necesidad de un socialismo renovado, a la vez riguroso y democrático, es cada vez más apremiante. Esta es la invención que se pide a Europa y hacia la cual dirige el personalismo su camino político actual.

El personalismo comunitario propone una economía humanizada, seguramente menos competitiva que la economía capitalista, pero capaz de ofrecer un horizonte de realización para el ser humano. Mounier razona así el significado del cacareado bienestar ofrecido por las economías liberales: "La desaparición de la angustia primitiva, el acceso a mejores condiciones de vida, no traen consigo indefectiblemente la liberación del hombre, sino, más comúnmente quizás, su aburguesamiento y su degradación espiritual. El esquema personalista aplicado a la economía pretende configurar un nuevo paradigma donde la economía esté al servicio del hombre, y la producción se ajuste a lo que realmente la comunidad necesita sin consentir las bolsas de miseria pero también sin propiciar la parálisis espiritual de la opulencia. Se trata, en definitiva, de sustituir el ideal del enriquecimiento egoísta por el de la armonización o rearmonización del ser humano con los entornos que le son más próximos.

EL SENTIDO DE LA REBELIÓN.

La revolución personalista tiene como único fin la liberación del hombre, justamente la máxima del liberalismo que, sin embargo, en la práctica se ve frustrada por la deriva economicista de esta ideología que acaba convirtiendo el ideal del enriquecimiento material en el único fin. "El liberalismo, dice Mounier, ha mantenido justas reivindicaciones contra todos los dogmatismos colectivos (…).Pero no se libera a los hombres desligándoles de los vínculos que los paralizan, se ven liberados cuando se les vincula a su destino. Se les libera comprometiéndoles allí donde, con un poco de esfuerzo, llegarán a reconocer su más profunda autonomía.

Sobre el fascismo opina que es un "áspero deseo de grandeza que sin embargo se va engolfando por caminos indeseables. Y del marxismo critica su frío materialismo:"(…)convierte toda actividad espiritual en un reflejo de las circunstancias económicas, ocultando o negando los misterios del ser y del hombre.

La revolución, la construcción de un orden nuevo, ha de tener un claro sentido espiritual: "Nos afirmamos revolucionarios de dos maneras. Una primera vez (…)porque la vida del espíritu es una conquista sobre nuestras perezas, porque a cada paso tenemos que reaccionar contra el sopor, el nuestro y también el del orden establecido.

Mounier quiere reunir en torno a la revista Esprit (Espíritu) a todos los que tengan esa inquietud, creyentes y no creyentes,  aunque él parte de una profunda vivencia cristiana: "Hoy no se puede ser totalmente cristiano sin ser un rebelde. Sin embargo, cada vez se siente más alejado de los grupos confesionales y del tipo humano que a veces se acerca a estos caladeros, y lo expresa con una cierta dosis de cólera bíblica:"Esos seres encorvados que avanzan por la vida únicamente al soslayo y con los ojos bajos, esas almas desgalichadas, esos pesadores de virtudes, esas victimas dominicales, esos cobardones beatos, esos héroes linfáticos, esos nenes suaves, esas vírgenes tiernas, esos vasos de hastío, esos sacos de silogismos, esas sombras de sombras, ¿son la vanguardia de Daniel en marcha contra la bestia? Critica también a la llamada democracia cristiana:A muchos demócratas cristianos les reprochamos precisamente el no haber buscado con suficiente grandeza la audaz tradición que les hubiese empujado a la vanguardia, en vez de paralizarlos en fluctuaciones moderadas hasta hacer de ellas el último y malsonante remolque de la reacción. El cristianismo de Mounier es  profundo y vivencial y se cuida mucho de grabarlo con etiquetajes políticos.

En definitiva, Emmanuel Mounier es consciente del poco margen en el que se mueve, una vez descartadas todas las posibles salidas políticas para su filosofía personalista y comunitaria. El nos dejó un marco referencial que otros se encargarían de dotar de un contenido político para una situación histórica concreta. ¿Qué fue y puede ser el personalismo comunitario en España.?. ¿Cuál ha sido y puede ser su bandera política?. Seguramente sin pensar en ello, Ortega y Gasset marcó el camino a seguir: "(…) no te contentes con que sea ancho, alto y profundo tu yo: busca la cuarta dimensión de tu yo, la cual es tu prójimo, el tú, la comunidad. La España futura ha de ser esto: comunidad o no será.


Litio


Citas:

E. Mounier: "La revolución personalista y comunitaria (1935)
"Manifiesto al servicio del personalismo (1936)

José Ortega y Gasset:  "La pedagogía social como programa político (Conferencia en Bilbao. 1910)


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