Por Pedro Miguel López Pérez, sociólogo.

Allí estaba él, yo le vi, dispuesto como otros muchos miles de españoles, como nosotros, militantes de Falange Auténtica, a participar en la magnífica manifestación que en contra de la negociación con ETA convocó el Foro de Ermua el pasado 3 de febrero en Madrid.

 

Nos cruzamos justo antes de que se iniciara dicha marcha. Por un segundo estuve tentado de pedirle que nos explicase de qué fuentes había obtenido información sobre las subvenciones supuestamente recibidas por nuestro partido. Llegados a este punto, y por si alguien se ha perdido, conviene recordar que don Amando de Miguel, el otrora omnipresente sociólogo de referencia en no pocos medios de comunicación, autoconsiderado como uno de los pioneros de las ciencias sociales en España, desde los micrófonos de la COPE afirmó que la presencia de Falange Auténtica en la manifestación del 13 de enero, convocada por las asociaciones de ecuatorianos, CC.OO. y UGT se debía a que nuestra organización recibía algún tipo de subvención por el simple hecho de asistir.

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Por Bárbara

Acaba de entrar en vigor la denominada Ley de Igualdad (Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de hombres y mujeres) materializando el principio de igualdad, formalmente sustentado en el artículo 14 de la Constitución, y teorizado como derecho subjetivo de todo ciudadano a obtener un trato análogo, que obliga a que supuestos de hecho iguales sean tratados idénticamente en situaciones jurídicas equivalentes.

 

Varios interrogantes resultan inevitables:

  • Normativizar lo que es un principio general, el de igualdad, ¿no supone más bien pretender confundir dicho principio con el concepto de uniformidad?
  • ¿Y acaso no estamos ante una intromisión ilegítima del poder del Estado en determinados ámbitos, donde el poder decisorio y último está en el marco y ejercicio de la autonomía privada?
  • En tercer lugar: ¿estamos ante una ley de carácter imperativo o más bien ante una norma de carácter coadyuvante, cuya finalidad es favorecer y promover la inexistencia de la desigualdad?
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Por Miguel Hedilla de Rojas

Aparte de con indiferencia, hay dos maneras de recordar el pasado: con rencor o sin el. En el 70 aniversario de la Unificación, yo me inclino por la segunda, lo que de ninguna manera significa con mentiras.

La unificación forzosa, decretada por Franco en abril de 1937, de Falange y el Requeté, fue el fin de Falange Española de las JONS como organización política independiente. Lo que surgió a consecuencia de la unificación, primero FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las JONS), y después el Movimiento Nacional, ya no era lo mismo, aunque aparentemente lo pareciese.

De entrada, su jefatura se la quedó Franco, y se integró en el híbrido, no solo a los carlistas, sino también a otras organizaciones como Renovación Española o la mismísima CEDA. Doctrinalmente, sobre todo a nivel teórico, predominó lo falangista, pero es indudable la presencia e influencia, que luego los hechos avalaron, del rancio derechismo español. De los Mariano Rajoy de la época que, a fuerza de liberales, se hicieron, para defender sus intereses, temporalmente fascistas.

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Por Txuspan

1. LOS ANTECEDENTES

El 19 de Abril de 1937 supone el hito más relevante de un proceso que afectó al movimiento nacionalsindicalista desde sus más remotos orígenes y que se prolonga hasta hoy mismo: los intentos de la derecha y de la extrema derecha por hacerse con el control del falangismo para derivarlo hacia intereses bastardos.

Efectivamente, mientras las JONS de Ramiro y Onésimo, la Falange de José Antonio y ambas organizaciones fusionadas después, supieron bosquejar un completo programa político y dotarlo a la par de una poesía, una mística original y galvanizadora de mentes y corazones, la derecha española carecía y carece no sólo de una estructura ideológica claramente identificable, sino de un universo simbólico con el que al menos disfrazar su nula capacidad para diseñar una proyecto propio que no sean vagos llamamientos genéricos preñados de calculada ambigüedad.

Por eso mismo, las intentonas para desviar a la Falange de su programa revolucionario fueron un peligro real y concreto con el que tuvieron que enfrentarse los falangistas desde el primer momento.

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El 19 de abril de 1937, hace 70 años, el General Franco dictaba el tristemente célebre Decreto de Unificación, que suponía la abolición de todos los partidos, entre ellos la Falange, en la zona llamada nacional, para crear un partido único, que primero se denominaría Falange Española Tradicionalista y de las JONS y luego Movimiento Nacional, y del que el incipiente dictador se autoproclamó Jefe Nacional. Desaparecía así de la legalidad la Falange originaria.

Pero hubo un hombre, precisamente el Jefe Nacional de Falange elegido democráticamente, Manuel Hedilla Larrey, que supo decir NO. Hedilla no aceptó la unificación impuesta ni el cargo que se le ofrecía en lo que sería el aparato formal del nuevo régimen. Esto le costó primero la condena a muerte, que fue después conmutada, y luego años de prisión y de ostracismo. Comenzaban cuatro décadas de fraude, en la que los símbolos falangistas fuieron prostituidos como ornamento de una dictadura conservadora que no llevó a la práctica la propuesta transformadora que el pensamiento joseantoniano representaba. Pero Hedilla se convirtió, a partir de entonces, en el símbolo del falangismo auténtico frente a la apropiación ultraderechista, con un gesto de coherencia y de dignidad del que nos sentimos herederos.

En este 70º aniversario, recogemos en nuestra web algunas colaboraciones en torno a una efeméride que es, sin duda, el recuerdo de una infamia, pero también el punto de partida de una larga resistencia frente a la falsificación.

Falange Auténtica se expresa a través de sus comunicados y campañas y de los editoriales de esta web. La organización no hace necesariamente suyas las opiniones vertidas en los artículos firmados.

Solidaridad con Argentina