Sube la Bolsa, baja la prima de riesgo. Los datos del paro son estupendos.

Yo paseo por las calles y no noto ningún cambio positivo. ¿A ver si va ser, que una cosa son los datos con los que medios y poder nos confunden y otra la triste realidad cotidiana de nuestro pueblo?

Empresas quebradas, familias endeudadas de por vida que ya no llegan a final de mes, aburrimiento, desesperanza y ganas de fugarse de una realidad agobiante y con pocos visos de cambio, son la realidad que vivimos. Nada que ver con los datos esperanzadores o los indicadores económicos positivos, que solo sirven para constatar que se siguen enriqueciendo los que se enriquecen tanto si hay crisis como si no, y para dar motivos de presumir a la casta política.

Ojala pudiéramos dedicarnos de verdad, a cambiar las cosas de verdad. Ojala  no tuviéramos que levantarnos cada día, encima de puteados, con la burla añadida de los buenos datos económicos, que desde luego, no valen para darnos de comer. Porque realmente en este país hay muchas cosas que cambiar, tanto en la forma de gobernarnos, como incluso en la forma de actuar de cada uno de nosotros. Para poder levantarnos y evitar volver a caer.

Si de recetas se trata, está claro que las que van aplicando los gobernantes del PP, parece que además de satisfacer al FMI y a la Troika, incluso hacen mejorar los indicadores económicos. La cuestión es saber si esto es lo que más falta le hace al pueblo. No es suficiente mejorar las estadísticas, si no mejora la vida real de las personas. Incluso si fuera necesario que las estadísticas mejoraran, para que pudiera mejorarse la realidad cotidiana de las personas, parece que no es eso lo que está ocurriendo.

Y es que, si realmente resulta ser que los consejos de las instituciones europeas son los adecuados, al menos parece ser que en otros países de nuestro entorno funcionan, habrá, además, que preguntarse, qué es lo que hace diferente a nuestro país de otros cercanos, que ya están en la senda de la recuperación. Creo que hay que buscar en la educación y en los modelos de comportamiento, parte de la respuesta. Ni es bueno el ejemplo de nuestra clase política, ni nosotros, como sociedad, hemos sabido poner todo nuestro esfuerzo en asentar verdaderamente un sistema productivo que pueda crear riqueza, de manera estable, sin recurrir permanentemente a la especulación y los pelotazos.

Cada vez que nos dan un consejo desde Europa o desde el FMI, nos echamos a temblar. Lanzan el globo sonda del recorte de salarios, y no olvidemos que todavía está en solfa la continuidad del sistema de pensiones. Un modelo "insostenible", según el conjunto de funcionarios con sueldos millonarios y con pensiones doradas, que pretende dirigir a  nuestro gobierno desde Bruselas. Veremos que estas amenazas no son en vano.

Si es a costa del empobrecimiento de las familias, ¿cómo puede ser que sea deseable la mejoría de los indicadores económicos?  Si se ataca directamente al consumidor, recortándole su renta disponible, como puede mejorar la economía nacional real, la de empresas y trabajadores, que viven ajenos a los grandes movimientos financieros. Estos agentes, fundamentales para la economía, solo esperan poder tener disponible, recursos financieros, para engrasar un sistema que por encima de ninguna otra cosa, necesita TRAFICO ECONOMICO, operaciones, movimiento, compraventa, comercio, y no solo recortes y pobreza. Financiación a raudales, gasolina para el motor y no exclusivamente austeridad irresponsable, que solo beneficia a quienes negocian con deudas y déficits absurdos, creados por la egolatría de los políticos que refrendamos en las elecciones, o incluso déficits justificados, que también puede haberlos.

Y por supuesto, habrá que acompañar estas medidas de estimulo, con algo más de criterio y sensatez a la hora de utilizar el crédito y consecuentemente de concederlo. No queremos que ocurra nuevamente como en estos pasados años, cuando la irresponsabilidad fue también un factor determinante tanto en el gasto público como también, hay que decirlo, en el privado, cuando las familias e incluso las pequeñas empresas, fueron llevadas, en ocasiones, a vivir por encima de sus posibilidades. Y esto lo propició un modelo de economía, permanentemente recalentada, que no se asentaba sobre bases solidas en absoluto.

Es ya hora de empezar a considerar, que parte de la solución al problema está en la política monetaria, y que esta es imposible de controlar, sin la suficiente soberanía nacional. Eso sí, teniendo en cuenta, que tal vez hoy otorgar al gobierno capacidad de actuar en política monetaria podría hasta ser contraproducente, puesto que seguramente volverían a caer en el gasto burocrático excesivo, en perpetuar su permanencia en el poder, en cautivar votos y en definitiva a seguir haciendo lo que habitualmente hacen: vivir de su puesto público en lugar de servir lealmente al pueblo.

Cada día es más claro que las soluciones, difícilmente pueden ser adoptadas por gobiernos corruptos,  felizmente, voluntariamente, hipotecados por la banca y los organismos de la Unión Europea de la señora Merkel, preocupados legítimamente, de recuperar el dinero invertido en España. Dinero prestado caro, en demasiadas ocasiones, solo para sostener los delirios de grandeza de gobernantes estatales, autonómicos y municipales por toda nuestra geografía. Seamos inteligentes y seamos generosos, empecemos ya a trabajar para cambiar un sistema político que nos ha convertido en esclavos sumisos de intereses ajenos. Pongamos nuestro esfuerzo en buscar un nuevo escenario político, en el que el pueblo pueda ejercer de forma rotunda su capacidad de decidir democráticamente, si lo que quiere son soluciones reales o solo mejorar cuatro indicadores estadísticos.

Los tiempos nos han otorgado una gran responsabilidad  que es la de cambiar el decorado, para decidir la función y para cambiarlo todo después. Solo así, dándonos un nuevo periodo constituyente podremos sentar las bases del cambio y de la mejora.

No nos engañemos, el actual modelo, de la manera que lo aplican nuestros gobernantes, en España, está agotado para el pueblo, aunque sea aún muy bueno para el poder y el mundo financiero. No nos equivoquemos, sepamos quienes somos. Pueblo trabajador y no casta de poderosos, y actuemos en consecuencia.

Enrique Antigüedad
Secretario General de <fa>


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